lunes, 17 de octubre de 2016

CIUDAD, CAPITAL Y ALTERNATIVAS SOCIALES- UNA PROSPECTIVA EN TIEMPOS DE INCERTIDUMBRE


El siguiente documento fue elaborado para el panel realizado el día 6 de abril de 2016 en el cual se lanzaron las memorias del evento internacional "Ciudades, acumulación de capital y alternativas sociales" que tuvo lugar en la ciudad de Bogotá en 2015 y que fue auspiciado por el Centro para la educación y la investigación popular CEDINS. 

El texto se centra en unas reflexiones que me solicitaron los organizadores a propósito de un ejercicio prospectivo sobre la ciudad. He realizado algunos ajustes de edición pero en su mayoría el texto sigue el original. Son unas consideraciones personales que simplemente expresan mi posicionamiento sobre los desafíos que enfrentamos academia y movimientos sociales para la promoción y realización del derecho a la ciudad.

________

Entre las principales transformaciones que vive la urbanización colombiana se encuentra un proceso demográfico por el cual se tiende a reforzar cada vez más la concentración de la población en áreas urbanas, así como también una transformación económica marcada por la desindustrialización, el aumento del sector servicios y especialmente el financiero así como una economía que sigue anclada al sector primario.

Demoliendo el barrio
Una de las marcas distintivas de la urbanización latinoamericana es la “ciudad popular”. Sin entrar en una discusión teórica puede pensarse esta ciudad como aquella que ha sido producida por sus propios habitantes en contraposición a una ciudad construida por el Estado o por el Mercado regulado. La "ciudad popular" se mueve entre la informalidad y la ilegalidad si se toma el punto de vista de los otros dos sectores, pero desde ella dicha producción de espacio adquiere el adjetivo de lo necesario, de lo legítimo en situaciones donde no existe una justicia espacial. Sin embargo, no se puede pensar que dicha ciudad no se mueva también en el ámbito de lo formal y lo legal ya que sería una visión muy simplista la de una ciudad dual cuando en realidad lo que predominan son las intersecciones entre una y otra. Ese componente mestizo que siempre busca sacar tajada de la situación y se vale de una u otra denominación para alcanzar sus objetivos. Esta es una mirada más realista en mi opinión de lo popular y es por eso que desde esa ciudad es posible reforzar el capitalismo o por el contrario plantear alguna alternativa al mismo.

Coincido con quienes consideran necesaria la generación de un movimiento social urbano y más aún -recogiendo los apuntes hechos en el seminario- de generar un proyecto político articulador. ¿Cómo alcanzar esa unidad? Más que ofrecer una respuesta del cómo lograr ese objetivo se puede pensar en un escenario de prospectiva en la existencia por lo menos de tres escenarios que formulo de manera muy simplista pero que tal vez nos sirvan como punto inicial de reflexión y porque no de acción: 1) pensar que es posible la articulación alrededor de un proyecto político 2) la continuidad del escenario actual en el cual se continua desarrollando luchas que son desarticuladas pero que buscan demostrar aún la capacidad que tiene la población para cuestionar el proyecto de "ciudad neoliberal" o 3) una situación en la cual dichas iniciativas entran no en su desaparición total pero sí en franca decadencia sin posibilidad siquiera para cuestionar este proyecto.

La pregunta orientadora que se me ha planteado se refiere al análisis prospectivo sobre los escenarios de las luchas por el derecho a la ciudad en Bogotá y Latinoamérica. Quiero señalar que el campo de investigación en el cual he participado se refiere de un lado al tema de los mercados informales de suelo y vivienda y del otro lado al tema de la movilidad residencial. A partir de estas dos áreas espero organizar unas consideraciones respecto a los tres escenarios que ya señale sobre el movimiento social urbano.

"CIUDAD POPULAR"

Demoliendo el barrio parte 2
Para desarrollar dicho objetivo voy a tratar de organizar mis consideraciones alrededor de la ciudad popular. Como sabemos el origen de la ciudad popular se remonta a una situación de exclusión del derecho a la vivienda para muchas familias que una vez instaladas en nuestras ciudades no encontraron una oferta institucional estatal ni tampoco un sector de la construcción capaz de garantizar la oferta suficiente en materia de unidades habitacionales. El surgimiento de las villas, las favelas, las urbanizaciones piratas, las invasiones, las callampas están asociadas a esa forma en que el capitalismo se manifestó en las formaciones sociales latinoamericanas como bien lo señalan autores como Emilio Pradilla o Samuel Jaramillo. Esa colonización de la ciudad generó procesos de organización comunitaria que estuvieron articulados no sólo a partidos políticos de izquierda o ciertas figuras de la iglesia sino también a urbanizadores piratas y redes clientelistas. La lucha por el reconocimiento de dicha ciudad osciló entre la movilización en las calles y la protesta como a través de alianzas con esos políticos interesados en comprar votos. Esa combinación de estrategias ha sido también analizada por académicos como Alfonso Torres o Noriko Hataya. Se señala además que una vez alcanzadas mejoras en términos materiales tiende a caer la participación comunitaria la cual en palabras de Hataya se termina volviendo una ilusión y del otro lado un incremento en la población inquilina que no tiene mayor interés en la participación comunitaria ¿Qué futuro le espera entonces a esa ciudad popular?

¿Puede ser considerada esta ciudad popular un escenario para la lucha por un derecho a la ciudad?  Considero que sí, ya que existen algunas problemáticas en esta ciudad popular que merecen especial atención y que la hacen diferente de aquella ciudad popular naciente hace sesenta años. A partir de los trabajos que se han realizado en este tema se puede observar el incremento de la población inquilina en la ciudad frente a los propietarios. En un escenario donde la política de VIS se centra en el acceso a la propiedad y no se tiene una política de VIS en alquiler se aprecia la importancia de los barrios populares en la generación de un importante stock de vivienda para arrendar entre la población de menores recursos. Se observa en muchos casos la importancia de las redes de relaciones especialmente alrededor de los lazos familiares para el acceso a la vivienda. Persiste no obstante, el deseo por alcanzar la vivienda en propiedad y fruto de la localización a nivel metropolitano de estos barrios (antiguas periferias) y de dichas redes se expresa el deseo de hacerlo en el mismo barrio. Sin embargo, existen grandes limitaciones para que dichos hogares se transformen en propietarios ya que las viviendas son demasiado costosas o demasiado grandes ya que después de muchos años de autoconstrucción estos barrios se caracterizan por casas autoconstruidas de tres o cuatro pisos en los casos donde mayor densificación se observa ¿Existe entonces alguna alternativa para generar vivienda en propiedad accequible y bien localizada para estos hogares inquilinos en aquellos barrios donde ya residen?

Otro tipo de situaciones se refieren exclusivamente a las condiciones de vida de los hogares inquilinos y la preocupación existente cuando fruto de la densificación de estos barrios se generan situaciones de hacinamiento. Si bien se ha tratado en este frente de recuperar ideas y proyectos de apoyo a los propietarios para generar espacio nuevo en arriendamiento debemos reconocer la existencia de inquilinatos en estos barrios que replican aquellas viejas imágenes que eran propias de los ubicados en el centro de la ciudad. Es necesario reconocer que en la ciudad popular las lógicas de mercado vienen operando hace mucho tiempo de la mano de un mercado de compra y venta de casas así como de un mercado muy dinámico de vivienda en arriendo. Aquí es importante señalar estos cambios y la confluencia de lo formal e informal para pensar en el futuro de estos barrios y la agenda que pueden desarrollar los movimientos sociales urbanos.

LOS POSIBLES ESCENARIOS DE LA "CIUDAD POPULAR"

Vista de Bogotá desde una ventana cualquiera
Con relación al primer escenario prospectivo ¿tendríamos entonces la posibilidad de articular las demandas de las familias inquilinas en un proyecto político unificado alrededor del derecho a acceder a una vivienda en propiedad en un área bien localizada o incluso a defender la localización de una población arrendataria en barrios amenazados de desaparecer por efecto de esa renovación urbana? ¿Cómo articular esas demandas con aquellas que son parte de la agenda de los propietarios que a menudo esperan una valorización de su barrio para poder cobrar arriendos más elevados o de mantener una valorización del inmueble con la esperanza de venderla cuando decida cambiar su lugar de residencia? Sería posible visualizar entonces un escenario donde estos dos actores lograran articularse alrededor de la defensa de su territorio y el derecho a una vivienda digna, que recoja sus aspiraciones y necesidades y además cuente con el factor de buena localización? Si se encuentra esa respuesta el movimiento social urbano podría fortalecerse porque tendría un gran aliado de su parte, que hasta este momento se ha considerado como apático frente a los procesos de organización comunitarios.
Ciudad vertical

Existe un segundo escenario en el cual tienden a permanecer las condiciones actuales en las que nos encontramos y donde claramente no hay articulación entre estos actores y el movimiento social urbano. No existen movimientos en la actualidad que tengan una estrategia clara sobre el derecho a la ciudad pensado desde la población inquilina y tampoco la discusión de alternativas pensadas para que dicha población pueda acceder a la propiedad en estos mismos barrios. Si bien existen los programas del Fondo Nacional del Ahorro tendría que evaluarse el impacto que tiene para facilitar la adquisición de vivienda usada en estos barrios. Tiende entonces a continuar desarrollándose un mercado de vivienda en alquiler que tampoco es objeto de abordaje en los movimientos sociales urbanos. Ello puede deberse en cierta medida a que no existen al parecer problemas serios en cuanto a inseguridad en la tenencia de las familias inquilinas y a que los precios suelen estar determinados en función del vínculo que exista entre las partes involucradas existiendo mecanismos informales para la resolución de conflictos o para sancionar los comportamientos oportunistas. Al estar altamente subjetivizada, la relación contractual pasa a estar regulada por órdenes jurídicos creados por las propias comunidades y tomando de forma parcial las reglamentaciones oficiales pero también apelando a convenciones y normas sociales producidas por la comunidad.

La reciprocidad como convención ha sido ya destacada por los análisis sobre este tipo de mercado, pero vale la pena hacer la acotación de que la existencia de reciprocidad si bien puede indicar la existencia de solidaridad entre inquilino y arrendador, no implica la ausencia de relaciones de dependencia o jerarquía entre las personas que participan de la transacción. El acceso a la vivienda en este caso continúa siendo un tema que depende más del tipo de contactos que se tenga, de la capacidad para establecer y cumplir un compromiso (no contrato) y de asumir la sanción individual o social cuando no se cumple éste. Este punto es importante porque los movimientos sociales urbanos tendrán que identificar qué tipo de solidaridad deben promover, aquella que es funcional y que surge porque no hay otra opción o una solidaridad anclada a un sentimiento de pertenencia al territorio, a una comunidad en la cual se tiene una relación entre iguales 

¿Será posible dicha relación cuando la tenencia de la vivienda de por sí ya introduce una jerarquía en este mercado? Raquel Rolnik llama la atención sobre la inseguridad en la tenencia de la vivienda y su existencia también entre una población particular: los inquilinos. En este escenario, la ciudad popular continuará desarrollando un orden jurídico propio a partir de vincular la formalidad e informalidad en función de las necesidades que los mercados de vivienda le impongan y por esa misma lógica de mercado oscilará entre situaciones de expulsión de quienes no pueden pagar el arriendo cada vez más alto en la medida en que se valoriza el barrio y del otro lado quienes continúan apelando a las redes familiares para acceder por vías como el usufructo a una vivienda bien localizada si bien no en propiedad. El peor escenario es la inquilinización y el empeoramiento de las condiciones habitacionales de los inquilinos.

Oferta de vivienda en altura
Para finalizar tendríamos que analizar la situación más desoladora que sería la de un débil movimiento social urbano y en el caso de la ciudad popular su progresiva desaparición o extinción. Si dicha ciudad popular surgió por las condiciones de exclusión por parte del Estado y del Mercado Regulado de Vivienda, es plausible pensar que en las condiciones actuales dicha ciudad esté condenada a desaparecer y ello a partir de la confluencia de la normatividad urbanística y del mercado de suelo. Pero no se trata solo en los casos que ya se están denunciando de gentrificación o de zonas localizadas en áreas centrales o pericentrales. Ya observamos que en las mismas periferias las posibilidades para desarrollar nuevas urbanizaciones piratas o barrios de invasión se restringen para dar paso a los proyectos de VIS tipo casa y ahora tipo apartamento. La búsqueda de altas tasas de lucro lleva a que como bien lo señala David Harvey se generen procesos de destrucción de la ciudad construida (y con equipamientos de calidad o mínimamente aceptables) para dar paso a nuevas construcciones. En este caso, se crean las condiciones para que sobre esa ciudad popular consolidada se generen oportunidades de lucro para empresas capitalistas que incluso pueden generar VIS tipo apartamento. Es probable que dichos barrios cedan por la vía del mercado ya que como lo demuestran muchos casos es posible negociar predio a predio para acabar con un barrio entero y después de varias décadas no podemos seguir pensando que el sector de la construcción sigue en un estado seminal porque ya se observa que algunas empresas se especializan incluso en la generación de VIS.

EN SINTESIS...

Barrio popular
La ciudad es un espacio que está en continua transformación y en este territorio intervienen diferentes actores que tienen diferentes valoraciones sobre los objetos que se encuentran en ese espacio y que pueden llegar a confrontaciones por el control de dichos objetos o recursos. Retomando un concepto de Milton Santos sobre relaciones verticales y horizontales surgen escenarios posibles de futuro donde predominen las relaciones horizontales basadas en la vecindad, en la defensa de la identidad con el territorio y del otro lado un escenario donde las relaciones verticales propias de un escenario de globalización lleven entonces a la subordinación de dichos barrios o a su simple desaparición. Los barrios populares son evidencia de una dinámica de transformación del territorio que lejos de ser la de la exclusión también se centra en la inclusión: finalmente muchas de esas luchas populares tuvieron un carácter más reformista que revolucionario ¿Ha cambiado dicha situación? ¿Cómo actuar frente a esa situación y cómo evitar el error pasado cuando el movimiento se fracturó porque las demandas populares no se adecuaban a la lucha revolucionaria?

He querido compartir con ustedes mi visión prospectiva sobre los escenarios de lucha por ese derecho a la ciudad. Un ejercicio de esta naturaleza es mucho más complejo de lo que les he presentado. No obstante, a partir de la identificación de algunos actores y una problemática muy puntual he querido identificar posibles variables claves así como estrategias posibles que pueden surgir del lado de una población inquilina y arrendataria y los movimientos sociales urbanos. Es claro que la articulación puede darse en los espacios de participación convocados por el Estado, pero existe también la posibilidad como se menciona desde una planeación radical por la invención de espacios donde los actores se encuentren y comiencen a conocerse y trabajar conjuntamente. Hay algunas experiencias que vale la pena analizar del pasado pero dicho abordaje excede los propósitos de mi presentación.

Gracias
 

domingo, 22 de noviembre de 2015

Pensiones: el riesgo de especular con los ahorros ajenos

 Artículo publicado en Periódico Desde Abajo, Edición 218 (15), Oct-Nov 2015, pp. 8-9. Bogotá. 

Sucedió un día cualquiera. Aquella mañana las noticias que traia el extracto de su ahorro pensional no eran halagueñas. Mientras bebía su primer café matutino, Elias Sánchez*, profesor universitario constataba con asombro que sus ahorros ahora eran inferiores a lo que sumaban en los meses anteriores. Si bien no conocía mucho del mercado financiero había recibido en los anteriores informes pequeños incrementos, razón por la cual se sentía satisfecho. El nuevo reporte sobre sus ahorros indicaba que había perdido lo antes ganado.

Por su mente fluyeron inquietudes e interrogantes, saboreó un trago más de café y decidió enrutarse hacia 'su' empresa Ahorradora de Fondos de Pensiones (AFP) para exigir aclaración con lo que estaba sucediendo. Una vez allí, y tras la obligada espera que le demandó paciencia y aguante, una funcionaria, tras escuchar sus inquietudes, templando su rostro con aquella sonrisa que uno nunca sabe si es de burla o de amabilidad, le espetó: "disculpe, señor profesor, lo que pasa es que así es el mercado: algunas veces se gana y otras se pierde".

La respuesta hizo que por su todo cuerpo cruzara un frío de temor. "¡Unas veces se pierde y otras se gana!", como si esto fuera un partido de fútbol o de algún otro deporte, resultados con los cuales uno puede sentir tristeza o alegría, pero nunca llegar a padecer el desalojo del sitio de vivienda por falta de dinero para cancelar la cuota mensual, o incluso llegar a no tener con qué pagar el mercado semanal. Pero así es la realidad hoy impuesta por el dominio de las lógicas financieras en el manejo de los ahorros pensionales de miles de trabajadores de nuestro país -al igual que otros muchos países de todo el mundo-.

Saliendo de la AFP, las iniciales más otras muchas inquietudes colmaban la mente de Elias, pero entre ellas había una muy importante: había descubierto algo de lo cual hasta ese momento no era consciente: él, todo un profesor universitario, a pesar de su formación académica, también era otro más de los analfabetas financieros que depositan sus ahorros, fruto de toda una vida de trabajo, en manos de especuladores financieros. Su presente y futuro estaba en manos de jugadores de casino, uno que es global y que no tiene sede abierta para todo el público.

Un casino pensional ¿De dónde viene?


Para el caso nacional, la financierización de las pensiones es una de las consecuencias de las reformas introducidas desde los años noventa al sistema pensional y el sistema financiero (1). En el primero de ellos se perseguía el aumento de las personas con Seguridad Social y en el segundo una liberalización que en el caso del sistema de pensiones tuviera la capacidad de resolver el déficit actuarial identificado en ese momento. Existían pocos cotizantes (2), una elevada informalidad laboral, además de regímenes especiales de pensiones (3) que constituían una carga al Estado, quién era el responsable de financiar dicho sistema diagnosticado en su momento como insostenible (Vanegas, 1996; Arrieta, 2011).

La financierización avanzó en la medida en que se introdujo el régimen de ahorro individual por el cual las personas financian su pensión de vejez a través de un ahorro individual. El anterior régimen llamado de prima media por el contrario demandaba del Estado que dicha pensión se garantizara con el valor de las reservas de los aportes de los afiliados y con el aporte estatal cuando las mismas se agotaran. La consecuencia de estas modificaciones ha sido la de ligar el sistema pensional a una sostenibilidad financiera que es ambigua en su definición (Vanegas, 1996; Arrieta 2011).

Para quienes actualmente tenemos que pagar aportes para pensión se nos ofrece una serie de empresas privadas llamadas Administradoras de Fondos de Pensiones AFP que "cuidan" de nuestro futuro. Se encargan de nuestro porvenir, de nuestra protección. Pocos sabemos el uso que se da a estos recursos, a pesar de recibir un informe mensual, no sabemos finalmente si dichos recursos se mantienen a salvo. Quien se encarga de las tareas de regulación es la Superintendencia Bancaria siendo una de sus metas velar por la sostenibilidad del sistema. No obstante ¿estamos a salvo de la especulación propia de los mercados financieros?

La 'libertad' ofrecida se limita a poder escoger entre las AFP y el tipo de portafolio en el cual dicha administradora colocará nuestro ahorro. Se le recomienda a los que están cerca de la pensión ser cautelosos mientras que a los jóvenes se les dice que pueden arriesgarse y colocar su dinero en un portafolio de mayor riesgo. Se trata de un casino pensional en el cual así como se gana se pierde.En este régimen pensional individualista la consigna es a mayor ahorro y mayor rendimiento mayor pensión. La solidaridad se reduce a una deducción que se hace a los que mayores ingresos tienen para la creación de un fondo de solidaridad pensional. Una medida que es ante todo paliativa de cara al desequilibrio entre cotizantes de mayor ingreso versus los que cotizan sobre un salario mínimo.

¿Un riesgo no identificado se mueve por la carretera?


La Superintendencia Bancaria reglamenta las inversiones que las AFP pueden realizar con nuestros ahorros pensionales. El objetivo es garantizar un mayor dinamismo en el mercado de capitales evitando lo que llaman la "exposición a riesgos imponderables". La más reciente reglamentación apareció con el decreto 816 de 2014 que redefine los límites de inversión para su uso en los proyectos de construcción de las vías de cuarta generación (4G).

Actualmente existen 12.870.890 personas afiliadas a pensiones obligatorias y el valor de dicho fondo alcanza $160,15 billones de pesos (4). En entrevista publicada por el diario El Colombiano (5), se señala que Asofondos dispondría de alrededor de unos 25 billones de pesos para tal destinación. El proyecto contempla que las AFP aporten en la etapa de construcción y participen con fondos de capital privado y con bonos de infraestructura. De esta manera se facilita el financiamiento de estos proyectos que incluyen también las vigencias futuras de presupuesto que han comprometido los gobiernos actuales con cargo a los presupuestos futuros. Dicha iniciativa ha sido liderada por la ANI Asociación Nacional de Infraestructura desde 2011.

La inversión en vías de cuarta generación o 4G se ha constituido en uno de los sectores que promueve el gobierno de Juan Manuel Santos, bajo el argumento que el país necesita invertir en infraestructura si quiere ser más competitivo. En ese sentido, invertir en sectores de la economía nacional como la construcción y la infraestructura parecen constituirse en una buena alternativa para jalonar el crecimiento económico y así mismo para generar beneficios a quienes tienen sus ahorros pensionales en las AFP.

Las vías de cuarta generación constituyen un programa de infraestructura vial que se propone la construcción de 8.000 km de carreteras, caracterizadas por ser de doble calzada y para las cuales se contempla la construcción adicional de 159 túneles. La financiación de los proyectos se hace con la participación de la banca nacional e internacional, organismos multilaterales, banca pública y fondos de pensiones. Inicialmente se planteaba que estas últimas aportaran entre 6 y 10 billones de pesos de un total de 47 billones de inversión total pero posteriormente se afirmó que dichas AFP estaban interesadas en aumentar su participación a unos 25 billones (6).

Disminuyan la velocidad, curvas peligrosas


Aparentemente invertir en vías de cuarta generación no constituiría una grave amenaza para quienes transitan por la autopista de la vida laboral. El camino parece no tener baches y el destino final bien señalizado, máxime cuando se anuncia el interés de firmas como Goldman Sachs, el Banco de Inversión Brasileño BTG pactual y firmas como Swiss Re Reinsurer por participar en las 4G (7). Sin embargo, los riesgos aparecen de la mano de las críticas que se han realizado especialmente frente a la inconsistencia en los costos de construcción, operación, administración y mantenimiento, así como de los aportes realizados por la nación y el recaudo de peajes. Otro problema está referido a un trato diferenciado entre algunos proyectos en virtud de la tasa de interés que debe tener en cuenta el concesionario y en tercer lugar sobreestimaciones del tráfico esperado en estas carreteras (8).

Los peligros de colisión en esta autopista se refieren al hecho de que finalmente dichas vías 4G generen más costos que beneficios. Elias, nuestro profesor universitario, puede estar contento de ver como sus ahorros promueven el desarrollo en el país, pero ¿qué pasará si al final de cuentas pierde sus ahorros por esas cosas que tiene el mercado?Nuestro camino a la vejez está en permanente riesgo por deslizamientos como estos y las posibilidades para sobrepasarlos se toman cada vez más difíciles cuando el peaje que debemos pagar por nuestro provenir es cada vez más y más caro.

FOTOS

Abuelo y la cuchilla de las AFP:
http://inquietandodesdeelmargen.blogspot.com.co/2011/12/la-ilusion-y-el-engano-de-las-afp.html
Caricatura en carretera:
http://www.eldiario.com.co/anteriores/23-9-2014/foto-noticia-se-volvieron-caricaturas-1409.html




NOTAS

1 Las principales reformas al sistema financiero en aquel entonces fueron la ley 45 y la ley 50 de 1990. La Constitución de 1991 consagra que las actividades aseguradoras, financiera y bursátil son de interés público situación que fue reglamentada por el Congreso de la República con la ley 35 de 1993 (Vanegas, 1996).

2 Durante los años setenta la cobertura alcanzó solo un 7,5% y en los años ochenta se elevó al 15% (Arrieta, 2011). En los años noventa la cobertura en Seguridad Social si bien había aumentado llegaba sólo al 21,5% de la población. En este último periodo se tienen datos discriminados según el nivel de ingresos lo cual comprueba el nivel de poca solidaridad existente en ese momento: un 66,1% de aquellos que contaban con ingresos superiores a dos salarios mínimos tenían cobertura frente al 16,7% de quienes ganaban menos de un salario mínimo en 1990.
3 Las ventajas que proporcionaban los regímenes especiales se centraban en aspectos como una edad de retiro más temprana así como mayores beneficios a los afiliados. si bien durante los últimos años se liquidaron la cuasi mayoría de éstos persisten algunos que se justifican más que por el poder de negociación sindical por relaciones abusivas de poder. Se trata de la Presidencia de la República y de la Fuerza Pública que gozan de ese privilegio en virtud de claras asimetrías de poder (Arrieta, 2011).

4 Adicionalmente se cuenta con 6.940.391 afiliados a cesantías cuyo fondo alcanza los $9,82 billones de pesos y 552.638 afiliados a pensiones voluntarias cuyo fondo alcanza 12,88 billones de pesos (página web de Asofondos).

5 Fondos de pensiones: con vías para 4G. Juan Fernando Rojas Trujillo. Publicado el día 22 de junio de 2015 http://www.elcolombiano.com/fondos-de-pensiones-con-via-para-las-4g-DY2177647 El decreto 816 de 2014 establece estas modificaciones en relación al Decreto 2555 de 2010 que recoge el conjunto de normas que regulan el sector financiero, asegurador y el mercado de valores en Colombia.
6 Las AFP y los bancos no descuidan los proyectos de las 4G e infraestructura. Disponible en: http://www.larepublica.co/las-afp-y-los-bancos-no-descuidan-los-proyectos-de-las-4g-e-infraestructura_265966
7 Fondos de deuda e inversión extranjera garantizan las 4G. Publicado en http://www.dinero.com/pais/articulo/financiacion-para-segunda-ola-4g/205628 consulta realizada en 12 de septiembre de 2015.

8 La historia íntima de las 4G. Jairo Chacón González. Publicado en: http://www.elespectador.com/noticias/economia/historia-intima-de-vias-de-4g-articulo-490314 consulta realizada el día 12 de septiembre de 2015. Veáse también Controversia por riesgos en infraestructura 4G. Publicado en http://www.eltiempo.com/economia/sectores/riesgos-infraestructura-4g/14094115

domingo, 9 de marzo de 2014

CONSTRUIR UNA NUEVA MASCULINIDAD

Hace un par de meses leí un texto llamado Vivir la propia vida en un mundo en fuga. Su autor, Ulrich Beck afirma en dicho texto que nuestro tiempo se caracteriza por el predominio de un ser humano que tiene como principal desafío ser el autor de su propia vida, el creador de una identidad individual. Según Beck hemos sido llevados a esa situación por causa de lo que denomina la paradoja del individualismo institucional. Las normas legales dispuestas en los Estados de Bienestar hicieron de los individuos y no de los grupos, sus principales receptores de beneficios siguiendo la regla de que las personas debían organizar con el tiempo más y más aspectos de su propia vida.

Alejandro Obregon, La Violencia 1962
Lo paradójico está en que ese proceso de individualización hizo que la vida dejara de descansar en tradiciones obligatorias para hacerlo ahora bajo la influencia de directrices institucionales, específicamente de recursos institucionales como los derechos humanos. Con el desmonte de los Estados de Bienestar y la hegemonía del mercado, tiene lugar un proceso de atomización en el cual se hace énfasis en el individuo y su responsabilidad para consigo mismo. Los fenómenos de la crisis social terminan siendo asumidos entonces por los individuos. En suma, según Beck los problemas sociales se transforman en disposiciones psicológicas.

El escenario ha cambiado y ahora las personas son transplantadas de una sociedad industrial nacional para el torbellino multinacional de una sociedad del riesgo global. Si con el ascenso de las sociedades industriales las personas eran reorganizadas en categorías sociales fijas, lejos de las certezas religiosas y cosmológicas, ahora dichas categorías son una especie de zombies que mueren pero aún viven. Buscar una alternativa en las tradiciones también termina siendo una cuestión de elección que debe ser justificada y defendida ante otras opciones y vividas como un riesgo personal.

Beck señala que la sociedad y el terreno público están constituidos de espacios conflictivos, que al mismo tiempo son individualizados, transnacionalmente abiertos y definidos unos en oposición a los otros. Es en este tipo de espacios en los cuales cada grupo cultural prueba y vive su híbrido.

Algunos aspectos del contexto en que nos movemos

Antes de organizar unas cuentas consideraciones acerca de lo que creo es el desafío (¿riesgo?) de construir una nueva (¿otra?) masculinidad, quiero hacer unas observaciones sobre las ideas que expresa Beck en su artículo, específicamente en relación a esa paradoja del individualismo institucional. En primer lugar pienso que este análisis debe ser tomado con cuidado teniendo en cuenta que el proceso de individualismo institucionalizado del cual habla Beck fue parcial, incompleto en la mayoría de las sociedades latinoamericanas. Para ellas es bien sabido que dada su posición subordinada en los procesos de acumulación capitalista, la inclusión en una ciudadanía basada en los más básicos derechos humanos fue nula para ciertos sectores de la población

¿Si existe esa amenaza de la atomización, se manifiesta por igual en cada clase o grupo social? Y al interior de cada una de ellas ¿cómo afecta a hombres y mujeres? Por citar un ejemplo, en el mercado laboral, la categoría informal fue usada a menudo para referirse a los sectores populares excluidos de un mercado de trabajo reglamentado por el Estado. Hoy en día, la informalización en el mercado de trabajo afecta también a las personas de clase media que han visto como en los nuevos circuitos globales, la informalización aparece como la forma dominante de las empresas transnacionales mientras que el Estado deja en manos privadas la administración de derechos básicos como la salud y las pensiones. Este proceso se da de manera concomitante con una cada vez mayor inserción laboral de las mujeres, que deben sumar entonces a sus jornadas de trabajo, las tareas no remuneradas necesarias para la subsistencia de sus hogares. Hay una crisis masculina también cuando la mujer asume esa jefatura familia y reemplaza al hombre en su tradicional papel de proveedor económico.

Beck menciona que en ese reto de vivir la propia vida, se echa mano de recursos variados, entre ellos la tradición. No es raro entonces ver como en un periodo de globalización se reactivan los nacionalismos, los regionalismos y lejos de desaparecer terminan siendo claves en un proceso de identidad híbrida. ¿Es lo híbrido algo nuevo en las sociedades latinoamericanas? Nuestras sociedades siempre han tratado de emular las sociedades europeas o norteamericanas. Esa exigencia normativa contrasta con la realidad de sectores populares que mantuvieron vivas muchas tradiciones campesinas e indígenas que si bien tienen un valor simbólico también fueron importantes por su utilidad para adaptarse (sobrevivir) en medio de procesos de modernización inacabada que impusieron las élites a los demás grupos sociales en cada uno de nuestros respectivos países. Buena parte de la recuperación del pensamiento indígena está ahora siendo utilizado para cuestionar conceptos como el desarrollo. ¿Es posible encontrar elementos allí para cuestionar también la construcción de lo femenino y lo masculino que nos fue impuesto desde la invasión europea en el siglo XV? ¿Encontramos elementos en la esencia del catolicismo reivindicado incluso por algunas izquierdas?

Otto Dix- La Guerra
Lo que quiero señalar es que si bien somos culturas híbridas desde hace mucho tiempo, parece que ello es visto como algo indeseado, como un efecto no esperado en esa falsa creencia de una historia lineal donde nuestras sociedades más tarde que temprano lograrían ser como Europa, como Estados Unidos. En el campo social el individualismo institucional sería ya algo inalcanzable y lo poco que se habría conseguido no serviría de mucho toda vez que ahora asistimos a esta amenaza del atomismo donde cada uno de nosotros debe encargarse de responder por su propia existencia. No es raro que se nos venda entonces ese discurso del emprendedor que se hace rico a punta de su propio esfuerzo o de que sea creciente la apatía hacia los partidos políticos (incluso los de izquierda) dejando que la democracia sea cada vez la más refinada expresión de la dictadura. Incluso en el campo de la lucha por los derechos humanos tiende a predominar políticas públicas fragmentadas bajo el argumento de la defensa de las diferencias. Así por tanto hay políticas para niños, jóvenes, adultos, adultos mayores, mujeres, gitanos, negros, indígenas, etc. Lejos de ese sueño por un proyecto que integrara a todos los excluidos y excluidas, existe ahora políticas diferenciadas mientras que los opresores mantienen sus grupos de poder bastante bien unificados en la red global organizada por el capital financiero.

En este torbellino se mueven los hombres latinoamericanos, algunos de ellos tratando de re-inventarse, de apostar por una nueva masculinidad. Siguiendo esa lógica fragmentadora podría uno preguntarse a que tipo de “hombre” me refiero y que quiero decir con “reinvención” o “nueva masculinidad”. Dejando a un lado ese juego de las palabras, quiero señalar que el machismo o lo patriarcal atraviesa a toda la sociedad y especialmente la latinoamericana, que su transformación no es solo un asunto que concierne a las mujeres que actualmente lo denuncian sino que nos incumbe a nosotros también y que es una nueva masculinidad en tanto represente un proyecto emancipador y nos libere también a nosotros de esas exigencias que nos han impuesto en una sociedad caracterizada por la barbarie, por la guerra donde el principal victimario somos nosotros los hombres.

Un camino para hacer caminando

En este esfuerzo por construir una nueva masculinidad es importante escuchar la voz de las mujeres, algunas de ellas feministas que han logrado sintetizar muy bien lo que es una estructura social de tipo patriarcal y reconocer que efectivamente vivimos en sociedades donde ser hombre nos da un privilegio, desde el mismo momento en que nacemos. Según la teoría de la decolonialidad las relaciones entre los géneros se refieren a una construcción social donde ser hombre y ser mujer remite a actitudes y roles específicos, los cuales van a complementar una organización que tiene su principal base en lo racial. Autoras como Rita Segato señalan que la masculinidad es la construcción de un sujeto obligado a adquirirla como status, a través de pruebas, enfrentando la muerte, mostrando habilidades de resistencia, agresividad, capacidad de dominio y acopio del “tributo femenino” para poder exhibir el paquete de potencias -bélica, política, sexual, intelectual, económica y moral- que le permitirá ser reconocido y titulado como sujeto masculino. En el caso de los países latinoamericanos que vivieron procesos de colonización, se tiene que los colonizadores negociaron con ciertas estructuras masculinas o simplemente las reinventaron (Marañon-Pimentel 2013, Segato 2010).

Débora Arango- La Justicia
Tenemos entonces ya muchos elementos para iniciar un dialogo. Pero todo dialogo exige que las personas que participen estén dispuestas a escuchar atentamente lo que los demás digan. A menudo, nuestra primera reacción es de malestar, casi nunca un hombre se toma inicialmente un momento para escuchar y para ponerse en el lugar de las mujeres. Las diferencias entre hombres y mujeres han sido naturalizadas y ello en buena medida por las tradiciones, costumbres que heredamos desde que somos niños ¿por qué cambiar entonces? En un primer momento puede que la denuncia de un orden patriarcal solo remita a un proyecto emancipador de las mujeres, pero creo que ese proyecto emancipador termina también ayudándonos a pensar que también nosotros podemos actuar para rebelarnos, tomar conciencia de esa estructura de poder instituida e intentar liberarnos también de esa obligación que nos han impuesto para ser “hombres”. Una forma de actuar es haciéndonos solidarios con las mujeres y reconocer que vivimos en medio de una sociedad que produce y reproduce en diferentes escalas relaciones de poder, de opresión.

Henri Lefebvre señalaba en el primer capítulo de su libro llamado La vida cotidiana en el mundo moderno, algunos elementos asociados con la producción del “ser humano” en las obras del joven Marx. Esta también implica la producción de relaciones sociales y en ese sentido no solo hay una reproducción biológica y material sino que tenemos una reproducción de las relaciones sociales. El lugar donde acontece esa reproducción es la vida cotidiana. En ella se sitúa el núcleo racional, el centro real de la praxis (LEFEBVRE, 1973).

¿Cómo se han construido las relaciones sociales entre hombres y mujeres en nuestras sociedades latinoamericanas? ¿Como puede verse a la luz de los procesos de dependencia de nuestras economías? Ya hemos señalado algo en la primera parte al señalar ese proceso inacabado de individualismo institucionalizado que da paso al atomismo. Quiero sencillamente señalar aquí que para quienes están luchando por proyectos emancipadores es imposible sustraerse a la superación de una estructura patriarcal. Pero esa tarea se debe cumplir ahora. No es un asunto a resolver después de que el sistema capitalista haya sido superado para dar paso a otro proyecto en el cual -en su debido momento- se resuelva la cuestión del patriarcado, la cuestión racial, etc. Poco contribuye un militante que sigue ejerciendo el machismo sobre su pareja, como aquel indígena o afrodescendiente que señala la dominación a la que es sujeto, pero no aquella que ejerce al interior de su grupo social en relación a sus compañeras. Esa es una de las situaciones más paradójicas que se pueden encontrar entre los grupos que luchan contra algún tipo de opresión. En nuestro caso, somos hombres que reconocemos las situaciones de desigualdad e inequidad en términos socioeconómicos, pero dejamos a un lado, nuestro compromiso frente a las situaciones tradicionales de desigualdad entre hombres y mujeres.


Si las relaciones entre hombres y mujeres son naturalizadas es comprensible que muchos de los hombres sean indiferentes a ciertas conductas que de ser debidamente cuestionadas harían al mejor estilo marxista plantear como incuestionable el proceso de revolución, en este caso frente al patriarcado. Pero no se trata aquí de establecer un paralelo entre la lucha de clases y la “lucha contra el machismo”. Es claro que nuestra masculinidad se comienza a definir desde la familia y que siendo ella el principal espacio de dominación, sea por allí por donde deba reinventarse nuestra forma de ser hombre, pero eso incluye posteriormente a la escuela, el mundo del trabajo, las relaciones afectivas, la cultura. Nuestra educación es un proceso continuo de insensibilización frente al dolor de los demás y del nuestro propio. Siempre estamos enfrentándonos al reto de ser “hombres”. Es una competencia que se prolongara por el resto de nuestras vidas para ser el macho dominante de la manada. Desde niños se nos educa para no llorar porque eso es signo de debilidad, tampoco podemos expresar nuestros afectos porque es demasiado femenino. Mientras jugamos a matarnos se nos va adiestrando para ser carne de cañón en la guerra.

Pero además de fomentar en nosotros a ese hombre salvaje que arrastra a la mujer de los cabellos, existe otro modelo de “hombre” que valdrá la pena examinar. Puesto que una de las críticas que se plantean desde el feminismo es la construcción de una feminidad tipo Blancanieves, Cenicienta, Rapunzel, etc., vale la pena pensar en el príncipe azul y el ideal estético que se vende en nuestras sociedades racistas. Ya hemos empezado a ver que entre los hombres comienza a venderse la idea del metrosexual y por lo tanto una industria floreciente donde el modelo es el de un hombre blanco, rubio, con cuerpo de fisicoculturista: piense en el novio de la Barbie, en los guardianes de la Bahía, en los New Kids on the Block o para no ser tan anticuado en Justin Bieber. El tipo de hombre que es muy lindo y que debe ser objeto de admiración por parte de las mujeres que esperan ser la princesa y hacer realidad el cuento de hadas, donde ellas encuentran quién las proteja, donde el amor lo tolera todo, incluso la opresión. Este tipo de construcción social niega entonces a las otras razas o peor aún las reconoce en tanto ellas sean adaptadas a los patrones holliwoodescos. Vemos entonces que incluso hasta Pocahontas termina siendo otra Barbie. Lo que antes se ocultaba por miedo a ser poco masculino termina volviéndose un mercado y entonces los hombres entran a demandar cirugías estéticas, a llenar el cuerpo de esteroides y comprar una cantidad de productos que mantenga o incremente la potencia sexual, el tamaño del pene, porque existe también otro modelo de hombre que es el tipo pornográfico, el latin lover que al igual que las mujeres le dan un ambiente “democrático” al mercado y la industria del sexo.

Frente a ese modelo impuesto desde la pornografia habrá mucho que discutir, porque finalmente para muchos jóvenes ha sido su principal referente a la hora de iniciar una vida sexual. El hombre debe competir en materia de obtener para sí la mayor cantidad de mujeres, de poseer sus cuerpos y hacer con ellos lo que quiera, cuando quiera y donde quiera. Mucho mejor cuando la mujer se muestra dispuesta a esa dominación y demuestra placer en ser dominada. Las relaciones con las mujeres se cosifican o giran exclusivamente alrededor de la posibilidad de alcanzar un placer sexual que incluso se reduce tristemente a lo genital porque se nos ha enseñado a ser insensibles y esa prerrogativa se mantiene incluso en el plano sexual. De un lado está el amor romántico diciéndonos que debemos encontrar nuestra princesa (una buena ama de casa) y del otro la pasión y el placer que nos pueden proporcionar las “otras” mujeres (la mujer fatal). Se requiere abandonar la virginidad, no importa cómo, ni con quién, mucho menos si es con o sin amor. Los amigos pasan a ser vistos como potenciales amenazas en ese plan de macho de la manada. No hay espacio para conversar sobre la soledad, sobre el homosexualismo, la depresión, el suicido o tantas otras preocupaciones que se manifiestan en la adolescencia. Todo queda al margen cuando la exigencia es mostrarse fuerte, hacerse hombre. El proceso de insensibilidad continua y es así como el acercamiento hacia las mujeres termina convirtiéndose en una experiencia desastrosa para muchos de ellos.

Al igual que en la infancia, la sanción social ejercida por otros hombres puede ser más fuerte que el respeto y valoración del cuerpo femenino. Las mujeres se terminan cosificando, se convierten en objetos que hay que poseer para validarse como hombre frente a los demás. La valoración es mayor cuando esos encuentros están vacíos de sentimentalismos, porque el hombre debe ser así, un mujeriego y por tanto la monogamia es mal vista. No obstante ese criterio cambia cuando se usa para evaluar el comportamiento sexual de una mujer. Ellas son consideradas putas y la infidelidad de la mujer con el hombre o el hecho de que ella decida terminar una relación sin el consentimiento del hombre puede llegar a ser incluso la razón que justifica tantos feminicidios. Lo peor de todo es cuando la sociedad termina tolerando y justificando esos crímenes porque terminan culpando a la víctima y no examinando detalladamente como se producen socialmente los victimarios.

Jorge Zapata- Calle Deseo
Luego viene el matrimonio. El momento en el cual se adquiere la propiedad de la mujer, que en muchas ocasiones no pasa ni por una sanción civil ni religiosa sino por la obligación de responder por un hijo no deseado. Para otros hombres tener un primogénito varón sigue siendo valorizado como signo de masculinidad. Y esto nos lleva a hablar también de la paternidad puesto que nuestra masculinidad no solo se materializa en nuestros roles como hijo, novio, esposo, sino como padre. Un buen padre se reduce a ser un buen proveedor económico. El valor del hombre reside en que consiga trabajar y tener los ingresos suficientes para mantener su familia (evitando que la mujer trabaje pues ella debe ser dependiente económicamente de él). El dialogo con los hijos, la preocupación con sus sentimientos, el desarrollo de una nueva masculinidad se ve truncada ante comportamientos que una vez más tienden a reproducirse.

Es verdad que ser un hombre en estos tiempos parece enfrentar cada vez más riesgos, puesto que como mencionamos antes existe un desencantamiento con el sueño de un trabajo para toda la vida y porque finalmente las mujeres están logrando victorias en su lucha por un reconocimiento y trato más igualitario. ¿Puede entonces verse esto como una oportunidad valiosa para ensayar otras formas de ser hombre? Tenemos la posibilidad de construir una relación igualitaria entre nosotros y ellas en donde prime la cooperación.

Pienso que una palabra que puede ser rescatada es la amistad. Tener otros amigos hombres, tener amigas mujeres (sin segundas intenciones) es algo que también desaparece o se niega en ese proceso de construcción de la masculinidad. Parece que tener amigos es algo que solo ocurre en la infancia o en la adolescencia. Luego se hace uno adulto, se casa, tiene familia, se sumerge en los problemas económicos mientras que los sentimientos son silenciados y sumergidos en el alcohol, la cerveza, las drogas, las relaciones sexuales prohibidas, y muchos otros comportamientos inspirados en el deseo de huir, de no pensar en toda esa presión que sobre los hombres se ha ejercido y que hemos heredado casi sin protestar. ¿Tenemos derechos a tomar un descanso, retirar nuestras armaduras y hablar del dolor que sentimos al vivir la vida como una permanente guerra?

Justamente quiero terminar señalando que es la guerra la principal beneficiada con la masculinidad que hemos heredado. Colombia ha pasado al igual que muchas zonas del mundo, por ciclos de violencia que tienen en común el ser guerras entre hombres y de que las mujeres sean vistas como botín de guerra y por ende sometidas a todo tipo de vejaciones. En un país como el nuestro, asumir el compromiso de explorar nuevas masculinidades se convierte en una posibilidad que aunque individual puede repercutir en lo social. Masculinidades donde la sensibilidad deje de verse como un atributo femenino exclusivamente, puesto que necesitamos ser sensibles al dolor propio así como al dolor ajeno. Al dolor de tantas mujeres sí, pero también el de muchos hombres que son victimas y victimarios en esta sociedad. Ser sensibles puede ayudarnos para tender redes de solidaridad con los otros y otras pero más allá para re-producir relaciones sociales igualitarias en nuestra cotidianidad a pesar de que existan diferencias raciales, de genero, de opiniones políticas, religiosas. Una nueva masculinidad que potencie la creatividad que se necesita para re-inventarnos al lado de las mujeres (y no sobre ellas) y nos acerque un poco más a ese ideal utópico de una sociedad libertaria.

REFERENCIAS BIBLIOGRAFICAS

BECK, Ulrich. Viver a própria vida num mundo em fuga: individualização, globalização e política. In: HUTTON, W. e GIDDENS, A. (orgs.). No limite da racionalidade: convivendo com o capitalismo. Rio de Janeiro: Record, 2004

LEFEBVRE, Henri. La vida cotidiana en el mundo moderno. Madrid: Alianza Editorial, 1973.

MARAÑON-PIMENTEL, B. La colonialidad del poder y la economía solidaria. En: MARAÑON-PIMENTEL, B. (coord.). Solidaridad económica y potencialidades de transformación en América Latina. Una perspectiva descolonial. Buenos Aires, CLACSO, 2012. Disponible en: http://bibliotecavirtual.clacso.org.ar/clacso/gt/20121024023550/Solidaridadeconomica.pdf

SEGATO, Rita. Los cauces profundos de la raza latinoamericana: una relectura del mestizaje. En: Critica y Emancipación Revista latinoamericana de Ciencias Sociales. Buenos Aires, CLACSO, N° 3, segundo semestre 2010. Disponible en http://biblioteca.clacso.edu.ar/ar/libros/secret/CyE/CyE3/CyE3.pdf