sábado, 17 de abril de 2010

(DE)…FORMACION ECONOMISTA

El objetivo de este artículo consiste en demostrar la importancia del uso combinado de metodologías cuantitativas y cualitativas en los procesos de formación académica de los estudiantes de economía, que viven en una nación como Colombia. Una primera razón se remite sencillamente a tener en cuenta que el arte y la religión son formas complementarias de acceder a la consecución de la verdad y una segunda razón radica en la necesidad de unos economistas (o mejor tecnócratas) con unas bases mínimas de facilidad en su comunicación con los no-economistas y en particular con las poblaciones objeto de los programas de desarrollo social, las cuales son a menudo subvaloradas por el peso excesivo que se exige para el desarrollo de competencias matemáticas como la modelación.

CIENCIA, ARTE Y RELIGION

El primer argumento que he presentado, alude al papel de la ciencia en cuanto medio para explicar los fenómenos naturales y sociales. Para muchos parece existir una oposición entre la ciencia, el arte y la religión y más aún se tiende a pensar que solamente la primera tiene derecho a reclamar para sí el dominio exclusivo de la verdad. Sin embargo, creo que más que la obtención de la verdad absoluta, la ciencia como tal abre una caja repleta de incertidumbres, las cuales solo pueden resolverse de manera parcial mediante los mecanismos de observación y experimentación. Los datos no hablan por sí solos y en su interpretación se demanda de una mediación y permanente debate que expresa más unas verdades relativas que una de tipo absoluto.

Algunos de los primeros defensores de la ciencia, enfrentaron la institución de la Iglesia, cuya finalidad de control sobre el conocimiento respondía a la necesidad de mantener un status quo, un poder sobre el pueblo que seguía los designios de la fe, cuya esencia se sintetizaba en la Teología, la moral y/ o la política. De manera alternativa, al permitir que cualquier persona razonara o desarrollara las habilidades para hacerlo, se estaba promoviendo en últimas un acto de rebeldía frente al sometimiento de la autoridad. Fue así que alcanzamos la conquista de la libertad intelectual.

Creo que este progreso de la ciencia, ha tendido a generar una subvaloración de la religión y el arte como forma de acceder al conocimiento. Esta subvaloración está latente en la división de la trinidad ciencia-arte-religión. El arte y la religión caen en una bolsa marcada con el nombre de misticismo, de especulaciones sin apoyo empírico y en algunos casos es incluso tildada de simple charlatanería o de un espacio repleto de sentimentalismos muy opuestos a esa supremacía de la razón y el método científico.

Ahora bien, un motivo para desconfiar de la religión, deriva del papel que ha cumplido la institución de la Iglesia, en particular su autoritarismo y represión frente a quienes disentían de su autoridad. En Latinoamérica la gran mayoría de la población nativa se vio forzada a renegar de sus antiguas creencias y adherirse a la fe católica so pena de morir. La Inquisición ha sido tal vez de las peores calamidades importadas desde Europa y particularmente desde España a nuestro continente. Esa devastación causada con la espada y la cruz, nos quitó toda posibilidad de apelar a nuestros orígenes y por ende nuestra identidad ha quedado vaciada de contenido y relegada a los esfuerzos de pocos intelectuales.

Con todo y esta orfandad, el progreso científico va a estar mezclado con la Iglesia, principal detentora de la generación de conocimiento en las colonias. La inserción posterior a los procesos independentistas del siglo XIX en un escenario de comercio internacional, significará entonces que el conocimiento se aplique para la generación de unas condiciones mínimas que hagan funcionar el mercado interior y así iniciar un proceso de acumulación de capital. La búsqueda de la verdad mediante la revelación divina se integró de manera sincrética a la búsqueda del máximo beneficio económico. Hoy por hoy, el discurso ético de la iglesia se limita a invocar una responsabilidad social muy sospechosa por cuanto avala la usura y permite la explotación del ser humano sobre el ser humano a cambio de unas donaciones económicas que la mayoría de las veces sirve como expiación de culpas, tal y como en los siglos pasados el latifundismo se conservaba cuando pasaba de la aristocracia a manos de las ordenes religiosas a cambio de misas y oraciones por el eterno descanso del alma en el más allá.

También existen dudas acerca del papel del arte. En primer lugar, por cuanto estuvo asociado a la iglesia católica durante siglos, con el claro propósito de ayudar en la consolidación de la fe cristiana. No es de extrañar que buena parte de las obras clásicas correspondan a motivos religiosos y que sólo con la modernidad, los artistas hayan intentado dar un paso hacia su libertad y expresar los sentimientos humanos más diversos expresando no sólo los aspectos más crueles sino también los más sublimes. De vuelta a nuestra realidad latinoamericana, ese proceso de emancipación necesario para el desarrollo de una estética propia latinoamericana es poco reconocida por los propios latinoamericanos quienes se quedan perdidos ante la estética del consumo que en un primer momento aboga por la homogenización y luego por la diversidad y así poder mantener sus altas tasas de ganancias. Se suma a ello, el poco peso del arte producido respecto al arte popular y los escasos ejercicios por intercomunicarlos para generar una creatividad mucho más autónoma y propia.

Una visión mucho más nefasta tenemos entonces, si sumamos a la desarticulación de la trinidad ciencia-arte-religión, el progresivo peso de las dinámicas del capitalismo que funcionalizan estas formas de conocimiento para unos fines exclusivos de acumulación y no de alternatividades de desarrollo según los contextos espacio-temporales y en particular de la América Latina de comienzos del siglo XXI. Tenemos entonces, una serie de purismos atrofiantes que van desde los fanatismos religiosos, hasta los científicos objetivos sin posturas políticas o ideológicas frente al debate de la ciencia para quién y unos artistas que deambulan por las galerías del mundo en busca de una identidad perdida en el fondo de sus corazones mestizos pero presentados como eurocéntricos o anglosajones.

Ante esta posible lectura de relativismo o de sociología de las ciencias, no quiero decir que no existe un elemento estructural, que haga de la ciencia una en cualquier lugar del planeta. Todas las religiones en sí comparten también elementos que las unen a pesar de su aparente imposibilidad de reconciliación. Creo que en el arte es donde mejor se reconoce la unidad en la diversidad y es a partir de la expresión artística que creo es posible pensar en una amalgama entre los inamovible e incuestionable y los elementos propios a cada región, a cada cultura.


ECONOMÍA: ¿CIENCIA O TECNICA?

Esta reflexión, es importante en el campo de la ciencia económica: En nuestras universidades, se nos enseña acerca del origen de la disciplina, tenemos grandes iconos como Smith, Ricardo, Marx, Marschall, Shumpeter, etc. El origen de lo económico puede rastrearse en Aristóteles y en la Teología y su evolución posterior en el siglo XVIII con los fisiócratas y la economía política. No obstante, para muchos la consolidación de la economía como ciencia se debe gracias a la escuela marginalista ya que apropian el desarrollo formal-matemático proveniente de la física pero con la intención de usarla para explicar los fenómenos sociales.

La supremacía de esta corriente en la enseñanza actual de la economía deja muy poco espacio para otras propuestas y en especial de aquellas que carezcan de un aparato matemático. Incluso para muchos economistas más que los autores clásicos y sus argumentaciones, prima la formalización y ello explica porque se habla más de neoinstitucionalismo que de institucionalismo o que se empiece a reconocer la utilidad del marxismo en la medida en que se pueda modelizar. En algunas universidades, se considera entonces que para ser un buen economista vale más la destreza con el uso de las matemáticas que la capacidad de análisis o la capacidad para expresar las ideas a través del uso del lenguaje. Tenemos en últimas buenos matemáticos pero pésimos comunicadores. Al igual que en la edad media, se han construido jerarquías que dictaminan la verdad y la imponen a los estudiantes que muchas veces deben verse frustrados ante la imposibilidad de manejar las herramientas de análisis.

Este oscurantismo viene a quedar avalado por las instituciones de ciencia y tecnología que han pasado de una manera brusca a convertir a una sociedad que se estuvo filosofando inapropiadamente a otra que quiere ser técnica sin invertir en la creatividad que se consigue solo con la apertura de la mente y el reconocimiento de otras formas de acceder al conocimiento. Se han adoptado estándares mercantiles para avalar la calidad de la educación superior en Colombia y eso lleva a que los docentes se vean en la obligación de llenar buena parte de sus programas con literatura anglosajona dejando a un lado el debate académico propio de la región que se da en español o portugués. De igual manera la indexación de las revistas académicas premia la cantidad y no la calidad y peor aún al hablar de calidad se cita a la producción europea o norteamericana como si ella no estuviera también viciada de cierto provincialismo.

Creo que es importante abogar por una economía más cualitativa en sus metodologías. No quiero que se me interprete como enemigo de las herramientas cuantitativas, algo muy propio del ethos colombiano (si no esta conmigo está contra mí), sino que por el contrario abogo por la posibilidad de enseñar a los jóvenes de nuestras universidades a realizar estudios integrales donde no sólo la modelización sea importante sino también la capacidad de compresión intersubjetiva que sólo se alcanza con el diálogo, aspecto que está presente en varias metodologías de tipo cualitativo como los grupos focales, las entrevistas a profundidad, etc., y que por pertenecer a otras disciplinas sociales no consideradas muy científicas por muchos economistas tienden a ser rechazadas dentro de los programas curriculares de algunas facultades de economía.

Lastimosamente para algunos docentes, aquellos estudiantes que carecen de habilidades matemáticas no tienen derecho a ser economistas. Me opongo con firmeza a esa sentencia inquisitoria, pues creo en la posibilidad de una renovada economía política, una economía política que tiene que luchar para defender el derecho a la argumentación racional. En segundo lugar, creo que un estudiante debe tener la posibilidad de interactuar con las metodologías y los esquemas teóricos de otras disciplinas, en su transcurrir por la academia, esa combinación puede servir para explotar la creatividad, que haría de las monografías un verdadero instrumento para que el estudiante iniciara una senda de investigación propia.

En la actualidad, la esterilidad de este ejercicio, se caracteriza no sólo por la poca innovación en los resultados, pues solo se aplican modelos preconcebidos para avalar muchas veces las ideas del director del trabajo sino por las dificultades estructurales del alumno para llenar de contenido las páginas extras a la explicación de la metodología y sus resultados. Mientras se ven tres cursos de microeconomía y tres de macroeconomía, más tres de estadística, un alumno de economía apenas recibe un curso de español funcional o de técnicas de redacción. No es raro entonces que se haya optado por modos de graduación como el de ver el primer semestre de una maestría como opción de grado, cuya rentabilidad es mayor si se logra enganchar al estudiante quién sufrirá más tarde de todas formas la obligación de redactar sus ideas o las de otro para avalar su formación de posgrado.

EL CONTEXTO COLOMBIANO

Para concluir, quiero agregar que estas reflexiones me parecen pertinentes si tenemos en cuenta la cruda realidad de nuestra sociedad colombiana. A partir de los logros alcanzados por la constitución de 1991, buena parte de los procesos de planeación requieren ahora de una participación ciudadana. Una impresión elemental, implicaría que el universo de competencia exclusivamente técnico del planificador debe arreglárselas de cara a una población que no maneja el lenguaje del tecnócrata o frente a unos medios de comunicación que en su afán de rating tergiversan las ideas o propuestas de políticas públicas que en su primer momento responden a un ejercicio científico, para politizar el escenario de lo público que en esencia es un espacio intersubjetivo donde concurre no solo el estado y el mercado, sino la sociedad civil.

Sin embargo, a partir de nuestro esquema de enseñanza, los economistas o quienes estudian economía, aspiran ser gerentes de bancos, miembros del Banco de la República o funcionarios públicos, desarrollando un modo de vida consumista que en últimas requiere para su fácil discurrir del fortalecimiento de ese lenguaje técnico. No es raro incluso como surgen derivaciones que intentan explicar la vida cotidiana con palabras de la profesión al igual que sucede con tantas profesiones y oficios. En los momentos en que se debe interactuar con el público profano, se está al borde de la crisis pues no surgen mayores posibilidades de interacción.

Tenemos entonces, que estos grandes tecnócratas manejan un buen dialogo con sus pares, cerrando aún más el carácter autárquico de la producción intelectual, mientras que los excluidos deben conformarse con las pésimas editoriales de periódico o con las especulaciones que surgen en los espacios de participación ciudadana. A pesar de la importancia de debatir sobre la economía y de las diferentes maneras como penetra en la vida común y corriente de todos nosotros, carecemos de la posibilidad de ir más allá. Como recuerda el teólogo Lonergan, buena parte de los cambios de nuestra condición económica operarían si lo económico pudiera llegar a ser un tema de opinión pública, lo cual requiere abandonar ese excesivo uso del lenguaje técnico.

En un país como Colombia, marcado por una pésima distribución del ingreso y por una persistente anulación o invisibilización del otro por su diferencia, el papel de la universidad no se puede quedar en la reproducción de más de lo mismo. Al igual que el irrespeto a los derechos humanos, están vulnerando la libertad de cátedra de manera soterrada, pues si bien se editan y promulgan estatutos y se enarbolan principios de tolerancia, cada vez más se observa la contradicción con respecto a los hechos. La aplicación de pruebas como los ECAES, los procesos de acreditación de los programas de economía o la subvaloración del pensamiento económico colombiano y latinoamericano termina dando paso a un educación que solo pretende imitar ciertos iconos internacionales y uno que otro referente nacional. Tenemos entonces una jerarquía de facultades, donde las más importantes a nivel nacional imitan centros internacionales y las facultades restantes solo imitan a las otras. Esa falta de identidad mina la creatividad y por ende vuelve estéril la producción de conocimiento, dejamos de ser científicos para reducirnos a unos simples técnicos o tecnócratas.

Estas reflexiones que he planteado, no se escuchan en ningún pasillo universitario, no hacen parte de las agendas de los docentes y menos aún de los estudiantes que quedan confinados a grupos de investigación estériles. Muchos menos en el sector público, solo se quedan en las conversaciones de cafetería entre unos cuantos excluidos que reclamamos nuestro derecho a ser economistas, a ser “otro” tipo de economistas. Las matemáticas aportan mucho al desarrollo de una habilidad para esquematizar y ordenar los pensamientos, pero esta destreza se consigue también mediante el desarrollo de las habilidades para leer, comprender y escribir. Debemos ayudar a los estudiantes a desarrollar la capacidad para expresar sus ideas, no se trata de mutilarles su imaginación sino por el contrario de potenciarla mediante el uso de la modelación o mediante la interacción con otras personas profanas en el tema pero con muchas cosas que nos pueden educar y que estamos desperdiciando por el miedo a ver atacada y desmoronada esa pretendida objetividad científica que sirve para hacernos creer que podemos decirlo todo sobre esa realidad compleja que nos rodea y nos desborda por completo.

Artículo publicado originalmente en el blog El Campanazo

domingo, 11 de abril de 2010

INVESTIGADORES SOCIALES-SECTORES POPULARES

PUBLICADO ORIGINALMENTE EN EL CAMPANAZO.

PARTE 1.

A MANERA DE AUTOCRITICA CONSTRUCTIVA

Existe la firme creencia que el crecimiento económico de una nación genera el desarrollo de las personas que en ella viven. Sin embargo, durante todo el siglo XX, la economía intentó develar cuáles eran los factores que generaban ese crecimiento y surgieron así diferentes teorías del desarrollo. El resultado final fue la creación de modelos que planteaban como varita mágica en la generación de riqueza, inversiones en lo que llamaban factores de producción.

Uno de tales factores es el capital humano, que se emplea para designar las capacidades y destrezas que tienen las personas para desempeñar las actividades laborales. Si un país quiere progresar, decían los expertos debía invertir en educación para que los individuos lograran desempeñarse de manera eficiente y así contribuir a ese fin nacional. Pero nuestro país se ha caracterizado por ser una sociedad excluyente y la educación ha sido una herramienta muy efectiva para esta realidad.

La educación y su calidad esta discriminada según la capacidad adquisitiva de quien demande este servicio. En esta visión mercantil es clara la consecuencia para la producción de conocimiento, los aportes a la generación de riqueza y por última la generación del desarrollo. Todas ellas van en vía de favorecer la acumulación de unos pocos y de profundizar aún más la desigual distribución de la riqueza.

¿Cuál es el papel de los docentes y en particular de los investigadores sociales frente a este hecho? Es ambivalente, moviéndose desde posturas en las cuales la producción intelectual está sujeta a las leyes del mercado y del otro lado de una apología revolucionaria y de transformación social que remeda pobremente los autoritarismos de tipo comunista o socialista. Ello es particularmente sentido en cuanto a los sectores populares como objeto de estudio y como co-autor de acciones de cambio social.

En el primer caso, existe la tendencia a eternizar el problema de la pobreza como tema de investigación. Lo paradójico es que entre más investigación académica existe, mayor miseria y pobreza hay en nuestras ciudades. ¿Demuestra eso la calidad de la investigación o la ausencia de una verdadera conciencia de transformación social en nuestros investigadores y docentes? En el caso de los sectores populares, existen cientos de investigaciones realizadas en los últimos 50 años que reposan en las bibliotecas de las universidades, a partir de las cuales se realizaron y realizan eventos como seminarios, conversatorios, paneles, etc. donde “los expertos” expresan sus conclusiones y recomendaciones a otros “pares”, mientras que la ciudad continua su marcha indiferente e incluso indispuesta ante esta sobreproducción de un conocimiento que muy pocas veces le sirve a los sujetos de estudio.

Claro los sectores populares, son un objeto de investigación muy fácil de elegir pues allí se encuentra buena parte de la población. A diferencia de los sectores de clase media o de elite que son cerrados y que impiden en la mayoría de los casos que un investigador social les pregunte por sus estilos de vida, la extroversión de los sectores populares ha permitido que durante mucho tiempo el problema de la pobreza se limite a quienes la padecen y no a quienes la generan. Si bien, en la ciencia es difícil establecer cadenas de causalidad sin experimentación o validación empírica, existe una tendencia ligera de los investigadores a llegar a los barrios, extraer la información y olvidarse de las comunidades. Sometidos a los derechos de propiedad intelectual y los requisitos de Colciencias, se les borra de la cabeza que dichos derechos particulares proceden de un derecho colectivizado o público en el sentido que es toda una comunidad la generadora de esa información que interpretada por el profesional es expuesta en las universidades.

Para ser flexibles con los investigadores sociales, podríamos tratar de comprender que su difícil situación laboral o que la baja remuneración los obliga a comportarse así. Pero no es la docencia un arte más que una profesión. ¿No requiere ante todo de corazón y por ende de satisfacción inmaterial a pesar de las limitaciones materiales? De todas formas es muy difícil encontrar docentes entre los sectores más marginados de la sociedad. Por lo general todos ellos hacen parte de la clase media o alta. Es algo casi natural en este mundo excluyente. Mientras tanto en los sectores populares las personas progresan a su estilo, presentan su propia estética y tienen sus aspiraciones, muchas de ellas centradas en hacer parte de la clase media.

Sin embargo, del otro lado están los docentes politizados. No quiere esto decir que los anteriores no lo sean, simplemente que para los segundos prima lo político sobre la labor científica clásica que se vende como “objetiva” o “aséptica”. Para ellos, la investigación adquiere desde un comienzo una calificación de popular pues es indispensable como categoría revolucionaria. Pero detrás de ella se esconden los procesos de imposición de un discurso propio de la guerra fría y que con muy pocos cambios se adapta en contra de una globalización neoliberal.

Existe un peso excesivo en la apelación de la experimentación como única forma de generar conocimiento y a la hora de construir pensamiento predomina la intención del “experto” por ideologizarlo. La vida deja de ser trivial en el primer caso para convertirse en una tragedia existencial y en ambos casos la comunidad objeto de estudio permanece al margen e indiferente en una cotidianidad marcada por la supervivencia o la acumulación que logre generar bienestar al entorno social más cercano que es el familiar.

Un aspecto importante al analizar si existe o no relación entre investigadores sociales y sectores populares, es en definitiva la institución llamada Universidad. Sometida a las leyes del mercado, su producción intelectual ha sufrido de pérdida en su calidad y de una excesiva atomización cuando las problemáticas sociales exigen visiones más totalizadoras. Pero además de eso, el miedo a perder esa identidad como “generadora de conocimiento” la inhibe en su potencial de “transformadora social”, es decir como un ente eminentemente político. Claro, muchas quieren evitar caer en el caso de la Universidad Pública que en décadas pasadas se terminó asociando como foco de insurgencia y que aún hoy en día es escenario de anquilosados individuos que de vez en cuando van a los barrios pensando que los sectores populares no desean ser parte del sistema capitalista que los excluye.

Los sectores populares son un escenario social diverso y no es un conjunto de barrios peligrosos donde viven pobres con pobres. En ellos hay acumulación, hay riqueza, hay movilidad económica y claro está pobreza y miseria. Pueden existir emprendimientos capitalistas y organizaciones de corte comunitario que recogen del pasado libertario lo que más les conviene. Nada de eso es extraño para ser calificado como anormal o marginal y mucho menos informal. Muchas de esas denominaciones “académicas” solo esconden intereses políticos afectos a más mercado o más Estado.

Existe una relación de explotación de los sectores populares pues dependiendo del tipo de investigador, se usan a estas personas para validar las ideas del investigador y no tanto para conocer las de los estudiados. Si lo segundo fuera lo predominante tal vez no estaríamos ante esta crisis de pensamiento propio, no adoleceríamos de falta de identidad y nuestra contribución al pensamiento social sería más auténtica con o sin validación internacional.

Ser investigador social puede significar una actitud hacia la vida en el sentido de buscar eternamente una verdad que nunca se dejara interpretar en su complejidad. Una utopía como la de los anarquistas pero que sirve de norte mientras dura la vida. Esa actitud requiere humildad y una mente atenta que parte de identificarse como ignorante pero con ánimos de aventurarse y perderse y fracasar. Sin embargo, no es suficiente con conocer el agua tibia –algo que no es malo en sí mismo- sino que lo que importa es luchar por evitar que ese conocimiento se privatice. En una época en que la información no es suficiente sino se procesa y decanta, de nada sirve querer mantener el control sobre la variable de estudio. La relación entre investigadores sociales y sectores populares no es neutra y de lo que se trata es que cada parte reflexione y se de cuenta de lo subjetivo que puede llegar a ser este relacionamiento, para exigir una responsabilidad compartida y que podría comenzar por ejemplo por exigirle cuentas a la universidad acerca de lo que hace con sus investigaciones y en segundo lugar de un proceso de restitución o devolución de ese conocimiento a las bibliotecas públicas del distrito y a las barriales de iniciativa comunitaria. Ese es el primer paso llamado construcción de identidad.

miércoles, 18 de noviembre de 2009

DE REPUBLICAS INDEPENDIENTES Y OTRAS FICCIONES SOCIALES.

El próximo año, estará lleno de eventos conmemorativos a propósito de aquel mes de Julio de 1810 en el cual, según la historia oficial, alcanzamos la independencia del yugo español. En estos dos siglos, sin embargo, hemos padecido de grandes desgracias que encadenan nuestros corazones y espíritus al yugo de la pobreza y la miseria, al yugo de la xenofobia, de los extremismos, todo bajo un velo de aparente madurez social y política, todo bajo la máscara de repúblicas independientes.

Me pregunto entonces ¿Qué estamos celebrando? ¿Qué se entiende por independencia? Tenemos dos fechas de nacimiento, una en 1810 y la otra en 1819. Una aparentemente pacífica y la otra completamente sanguinaria. Y en medio de estas fechas un periodo llamado La Patria Boba. Un periodo en el cual, el sueño de libertad se deshizo en manos de los intereses de centralistas y federalistas y que permitió en últimas la reconquista española y las atrocidades cometidas por Pablo Morillo. En suma, nos había quedado grande la independencia.

Después de la batalla de Boyacá, nuestra naciente república vivió más periodos de confusión. El siglo XIX fue escenario de numerosos enfrentamientos y como sabemos también por esos libros de historia, entramos al siglo XX en medio de la Guerra de los Mil Días. Pasábamos de ser una colonia a ser un ficha más en el comercio internacional, exportando nuestros recursos naturales sin siquiera tener un mercado interno unificado. La riqueza que dejaba ese comercio iba a parar en el consumo lujoso de las elites regionales.

Y así ha transcurrido el siglo XX, en permanente conflicto, nos hemos asesinado entre hermanos. ¿Para que la independencia? Para destrozarnos como bárbaros, sin ningún respeto por la ley, por los principios de libertad, igualdad o fraternidad. Sin la más mínima autonomía para sobreponer al interés particular el interés colectivo. Sin la más mínima reflexión de si nuestros intereses colectivos coinciden o no con los de las naciones europeas. ¿Qué vamos a celebrar entonces si seguimos aún siendo esclavos?

Tres repúblicas hermanas como Colombia, Venezuela y Ecuador, están actualmente gobernadas por personas que carecen del más mínimo sentido de unidad latinoamericana, pues hacen gala de una intolerancia que solo se puede justificar a la luz de sus deseos de autoproclamarse como salvadores. Así ha sido nuestra historia, llena de imágenes que adorar, no solo las religiosas sino también las de estadistas que poco o nada han hecho por nuestra verdadera independencia. Tres gobiernos, que en un escenario como el actual, le apuestan a la competencia y no a la solidaridad, le apuestan a lastimar las relaciones comerciales, en vez de unificar mercados, le apuestan a los conflictos verbales en vez de bajar el tono y sentarse a dialogar, a escuchar. Tres gobiernos que apelan a sus pueblos para justificar sus excesos de autoridad alegándose el derecho de atropellar los derechos humanos por obtener una seguridad que sólo siembra miedo. En nuestras tres naciones hay grandes contingentes de personas en la pobreza y la miseria, esa semejanza ya nos permitiría fijar como meta común la justicia social y la dignificación de la vida humana y ello se lograría sin necesidad de una sola bala, sin necesidad de insultar al hermano y mucho menos de eliminarlo físicamente.

Después de estos 200 años de vida republicana, seguimos siendo esclavos pues somos incapaces de gobernarnos a nosotros mismos. Somos incapaces de formar un bloque regional, de proteger a nuestros campesinos, de proteger a nuestras comunidades indígenas, somos incapaces de velar por nuestra riqueza cultural y ambiental, somos incapaces de reconocernos como latinoamericanos. Hay corrupción e impunidad y sin embargo hay fe, en el señor y en la salvación de las almas el día del juicio final. Debemos reconocer que hay muchos intelectuales pensando América Latina, pero sus voces no son atractivas a los medios de comunicación, porque no representan los intereses de los grandes grupos económicos que todo lo quieren comprar, incluso las conciencias.

¿Qué vamos a celebrar entonces? Nada, absolutamente nada. Estas serán unas fiestas que serán muy propicias para seguir inflando el patriotismo de una nación que no tiene identidad. Esa deficiencia elemental es tan estratégica para los gobiernos de turno, porque permite seguir justificando la perpetuidad en el poder de Chávez, pero también de Uribe. Ellos solo representan los intereses de determinados grupos, a quienes les conviene que sigan allí mientras siguen saqueando los cuernos de la abundancia que existen en estas tierras tropicales y andinas. Seguimos siendo colonias a la merced de los virreyes que gobiernan para favorecer los intereses de ese imperio que se llama capitalismo, que se llama socialismo, que en suma solo se llama egoísmo, tiranía, muerte, intolerancia, exterminio, prepotencia. La horrible noche aún no ha cesado.

Son 200 años extraviados, perdidos en el camino: Nuestros gobernantes se sienten más europeos o norteamericanos que latinoamericanos. ¿Cuál independencia entonces? ¿Aquella que proclama un anti-europeísmo o una alianza contra el imperialismo yanqui? No, creo que el problema estriba en que debemos cambiar de actitud y relacionarnos con más personalidad, pero solo la alcanzaremos si reconocemos que somos híbridos, que nuestra piel es morena y de otros colores, que nuestra riqueza nos permite pensar en que podemos proponerle al mundo otra forma de vivir bien, que así como es buena la cultura europea, existe una cultura latinoamericana que es tan rica y heterogénea como su composición racial. Si se trata de una apuesta por la solidaridad y el respeto a la diversidad ¿quién sino América Latina para dirigir ese cambio de mentalidad?

Lastimosamente, esa apuesta de elevación de nuestro nivel de conciencia, es vista aún como una empresa quijotesca. Ahora que estamos ad portas de campañas que aboguen por nuestra identidad o por los balances de nuestros dos siglos de rebeldes sin causa en el concierto mundial, podemos pensar que sobraran los discursos, las ceremonias, las reivindicaciones y los premios a aquello que simbolice nuestra identidad y nuestro proyecto nacional. Que bueno sería reivindicar a aquellos indios, indias, negros y negras, mestizos y mestizas y todos los demás campesinos que sin ser parte de esa elite criolla terminaron ofreciendo su sangre, así como hoy por hoy son los jóvenes campesinos y urbanos los que mueren en la guerra a nombre de los intereses de narcotraficantes, generales y políticos corruptos. Ellos si que han tenido que pagar un precio alto por la independencia y a cambio se les ha denominado masas marginales, informales, clandestinos, guaches, guarichas, populacho, ilegales, insurgentes, indios, etc. Apelativos que les niegan ese heroísmo y los sumergen en el baúl de la historia oficial que se contenta con señalar solo los nombres de personas que pertenecían a cierta rosca ilustrada.

Un proyecto de republica independiente que dice basarse en los principios de igualdad en los hombres, pero que construye su riqueza a partir de la explotación del hombre hacia el hombre y hacia el ambiente que le rodea. Un sin sentido de proyecto social, una ficción que 200 años después sigue maquillándose y ocultándose, a través de unos medios de comunicación que trivializan la compleja realidad política a un espectáculo o reality que explota nuestros regionalismos y la cultura de la trampa a través de sus novelas. Una campaña para dividirnos, para fragmentarnos para idiotizarnos hasta el punto de perder una visión general de lo que pasa en el país y de la pérdida de la poca institucionalidad que teníamos para regresar a un régimen del terror.

Nos han engañado, no nos hemos liberado de nada ni de nadie. Somos igual o más esclavos que antes. Ahora se habla de pensamiento bolivariano, pero en realidad es un sofisma para más de lo mismo, igual sucede con la seguridad democrática y puede suceder con visiones bizarras de indigenismos. Apelar a lo indígena o lo mestizo para justificar la misma dictadura que se quiere abolir es un error imperdonable en la historia. Por esas razones, creo que más que celebrar nuestra independencia debemos reflexionar acerca de cuanto aun hace falta para realmente ser independientes.

En primer lugar garantizar nuestra soberanía alimentaria en vez de hacernos más dependientes del comercio exterior, de productos manipulados genéticamente o subsidiados por naciones que se autodenominan más desarrolladas que nosotras. Un segundo reto es el ser independientes de las influencias nefastas que conllevan los organismos internacionales quienes dicen asesorarnos pero terminan condicionando sus prestamos a sus exigencias. Por último, se trata de independizarnos de aquella ciencia que se produce para resolver los problemas de todos los inversionistas y banqueros pero no de los sectores que más requieren de nuestro apoyo y que de por sí ya justifican nuestra labor como académicos.

Esta independencia no significa autismo, pues en ningún momento pretende que nuestro continente se aísle, simplemente es un cambio de actitud, una muestra de madurez social que se refleja en el sentido de que somos capaces de tomar nuestras propias decisiones y ahí sí que es importante la unión de los pueblos latinoamericanos para que sea un punto de vista de bloque y no de países sueltos. Saber en que momento se necesita el capitalismo y en que ocasiones no, en que momento debemos invertir en igualar las condiciones de vida de nuestras sociedades y cuando debemos ahorrar para invertir y mejorar las formas de producción y liberar más tiempo para la cultura, para la reflexión sobre nosotros mismos, para la autocrítica.


¿Cuál es la estrategia? ¿Podemos realmente alcanzar esa unidad latinoamericana, sin más guerra, sin más explotación despiadada de nuestras riquezas, incluyendo a las personas que habitan nuestro continente? ¿Podremos algún día, dejar atrás esa necesidad de seguir a los europeos o norteamericanos y construir nuestra propia agenda internacional. Establecer nuestro camino, independiente del aval internacional?

Yo creo que sí, tengo fe en que lo podemos hacer, podemos empezar a mirarnos los unos a los otros y darnos cuenta que nuestra piel es muy bella, que es tostada y que nuestros rostros son hermosos reflejando esa doble condición de indígena y europeo, de afrodescendiente y de polinesio. Dejar la vergüenza y superar nuestros miedos de no ser aceptados. Como se darán cuenta esta situación es individual y trasciende a lo social, por eso, en la medida en que cada uno de nosotros empiece a cambiar, a reconocerse como lo que es y no como lo que quisiera ser y no es, podremos ver cambios en lo social, es entonces un proyecto común, que comienza obviamente en la escuela. Contar la otra historia. Que mejor oportunidad que este bicentenario para empezar a cambiar y reconocer que todos nosotros somos próceres de la independencia en la medida en que convirtamos esa defensa por la libertad en una defensa de los derechos humanos y nos demos cuenta que la independencia de nuestra Latinoamérica es una empresa que apenas comienza y no una referencia anquilosada y tergiversada guardada en los libros de texto de las escuelas.

Referencias imágenes:
Mapa: Biblioteca Luís Ángel Arango. www.lablaa.org
Caño Cristales-Colombia: Blog Tejiendo el mundo
Volcán Cotopaxi-Ecuador: Blog Climbing Ecuador
Salto del Angel-Venezuela: Blog Venezuela La Tuya

sábado, 11 de abril de 2009

ES UN EXTRAÑO DIA PARA DEJAR DE SER

I

Es una extraña sensación. Siento una necesidad imprescindible de huir de este lugar. De abandonar este cuarto, de huir de mis miedos. Son las 5:30 de la mañana de este sábado y las exigencias de un cuerpo sin nicotina, enferman mi mente que se resiste a dejar de contaminarse. Sencillamente, no aguanto más. Me levanto, tomo una chaqueta y salgo a la calle.

Mi primera sensación es la vergüenza. Este frío aire que me corta el aliento, calles sucias, donde se observan los restos de botellas estrelladas contra el piso y donde desfilan zombies, con la cabeza gacha, con un profundo sueño que les impide sentir ese frío del amanecer allá tirados sobre la banqueta del parque. Decido continuar caminando por las calles del barrio y ante la imposibilidad de hacerlo, decido alejarme, ir a otro barrio, a otro lugar, donde nadie me identifique.


Cruzo aquel caño, en donde varios perros persiguen a una perra en celo. El agua es negra y me recuerda los baños de nuestras casas y nuestra tendencia a querer bajar la mierda con agua limpia, para contaminarla y vertirla al caño, del cual luego nos quejaremos por su olor, que en últimas es nuestro olor. Claro, este mundo es una mierda, de la cual solo somos un componente más. Pero nos negamos a aceptar esa humilde posición en el concierto universal.

He logrado llegar a la Alameda. A esta hora, solo andan los rusos en bicicleta, algunos fumándose un bareto, otros su clásico cigarrillo, mientras que yo, intento salir a trotar para dejarlo. Claro, algunos residentes del sector aprovechan esta mañana para salir a trotar o caminar con sus hijos. Otros sacan sus perros, para que se caguen en el prado que no es de nadie, otros salen a robarse la tierra de las plantas que se sembraron y otros más han dejado decapitados los postes de la luz. En últimas, al llegar a la alameda debo reconocer que lejos de ser atractiva, es un espacio público abandonado, el cual se convertirá en escenario de mi -tan pretendida- rehabilitación personal.

Es tal el grado en que nos transformamos, que siento vergüenza al hacer ejercicio. Decido no ver a quienes están a mi lado, solo correr y correr, intentando sacar la nicotina que está en mi cuerpo, dejar de oler a quemado y poder de vez en cuando respirar el aire que esta ciudad contaminada me ofrece diariamente. En realidad, siempre odié salir a correr. En el colegio, llegaba a un punto en el cual, sentía nauseas y deseos de vomitar. No lo soportaba. Con mi entrada al anarquismo, a la rebeldía adolescente y a mi búsqueda de identidad, tanto el punk como el cigarrillo se hicieron mis aliados infalibles y aquellos días de ejercicio físico se esfumaron dando paso a las borracheras universitarias, al consumo social de las drogas legales e ilegales. Sin embargo, al igual que cuando trotaba, en estas fiestas siempre terminaba en el baño… vomitando.

Ahora que estoy ahí trotando, me detengo a observar el mundo que me rodea. Me doy cuenta de que existe el verde en esta ciudad. De que aún hay enormes terrenos en donde viven algunos campesinos urbanos, que ordeñan algunas vacas y salen a vender leche en cantina a los residentes de estos proyectos de vivienda de interés dizque social. Me doy cuenta de un ave, que flota en el cielo, apenas si mueve sus alas, pues esta buscando ratas en los vallados, de las cuales se alimentará, mientras el hombre se lo permita. Me doy cuenta también de que existe un humedal que reclama su lugar en la tierra y que en cada época de lluvias, se desborda para inundar esta alameda por la cual decido correr.

II

Es domingo. Ha pasado cerca de un año y mi tentativa de abandonar el cigarrillo ha fracasado. Observo como los cristianos asisten a misa de siete, veo a los evangélicos en sus caminatas de predicación en el barrio que sigue hundido en la basura que se tira diariamente y tapa las alcantarillas, aquellas que fueron construidas irónicamente para evitar que volviera a darse aquella inundación del 79.

Me pongo a pensar en las actividades programadas en el periódico del barrio. Es muy difícil evitar no fumar en las tertulias, cuando la sala se llena de tanto humo, cuando hay una copa de vino o un libro de versos para compartir con los amigos y amigas que se rebelan contra un estilo de vida sumiso y mediocre. Es muy difícil dejar de fumar cuando existe un dejo de intelectualidad en lo que dices, si lo dices con tu voz cortada por la exhalación del humo.

La alameda aún sigue ahí y me he convertido en uno más, de quienes la transitan semanalmente. Se ha convertido en un espacio de soledad, tan anhelado para huir de la realidad sin la necesidad de drogarse. Sin embargo, hoy hay mucha gente, son chismosos observando a un muerto que está tendido sobre los adoquines. La cinta lo rodea y veo a lo lejos la motocicleta en el piso. Me pregunto si debo hablar de ello en el periódico y decido dejar en paz a este muerto. Suficiente despliegue le hará la prensa amarillista. Es más, imaginó el titular, que nos estigmatizará aún más como un barrio donde todos los males de la humanidad se juntan. Donde lo mejor sería una bomba nuclear.

El sol brilla en el cielo, un cielo que en épocas secas, deja ese bronceado que llamamos sabanero o que al igual que muchas campesinas boyacenses, se caracteriza por unos cachetes colorados sobresaliendo en esta piel blancuzca de enfermo. Es bajo este cielo brillante que me decía que no fumaría. Solo lo haría cuando lloviera, cuando fuese de noche o cuando hiciera frío. Me parecía más romántico, más excitante e incluso más provocador si estaba acompañado por alguna canción depresiva cantada por The Cure.

En fin, sigo pensando mientras siento el sudor que recorre mi rostro. Para muchos, es poco estética esta imagen, les agrada pensar en como impresionar o conocer mujeres con cuerpo de modelo, con ropas pegadas a la piel, con unas gafas oscuras de moda, con aquellas medias tobilleras blancas y zapatillas de marca, mientras que yo, apenas dispongo de una vieja chaqueta raída y de mis viejos tenis de tela que han comenzado a sufrir de fisuras en el talón y que hacen que mis pies se mojen cuando debo pasar cerca del humedal. Ni siquiera uso bloqueador y por eso cada vez mi piel es más oscura, no por los tratamientos en cámaras privadas de algún spa sino por la radiación solar de este mundo que se des-ozoniza.

Recuerdo que deseaba mucho poder ver siempre aquellos verdes campos, pero a la vez era consciente que tarde o temprano serían urbanizados. Solo era cuestión de ver una malla verde rodear algún terreno para entender que allí se localizarían nuevos hogares, familias que en su deseo de ser propietarias, adquirían una deuda a 16 años. Casas que en suma, eran habitadas por personas indiferentes al pasado, que desconocían a Sie, nuestra diosa del agua. Que nunca habían escuchado a las ranitas sabaneras cantar, que tampoco entendían que esa agua que decían era sucia, constituía un humedal. Personas que en últimas, hubiesen deseado que secaran ese pantano porque olía muy mal, porque se habían convertido en refugio de habitantes de la calle o porque para seguir haciéndonos mala fama, eran lugares en donde se cometían atroces delitos, inflado aún más los mitos de nuestra desgraciada humanidad.

Llegué al parque, un parque abandonado, cuyas canchas habían sido desvalijadas hace mucho tiempo, cuyo piso se había fracturado. Como tradicionalmente había hecho, me dedique a hacer algunos ejercicios de estiramiento y decidí acostarme. Ya no existía una segunda oportunidad, todo había fracasado, ella estaría ahora en otro espacio y en otro tiempo y yo tendría que pensar en mi futuro. Tal vez tenía razón, tenía que dejar el cigarrillo, pero me parecía una tontería dejarlo por una mujer y tenía razón, debía dejarlo pero por amor propio.

III

Es domingo otra vez. Ha pasado mucho tiempo, mi tío murió y me prometí a mí mismo cuidarme y evitar morir de la manera en que él lo hizo. He aprendido a valorar la vida y con cada día que pasa, siento que se hace más difícil volver a fumar. Tal vez, muchos me critiquen, tal vez muchos piensan que tarde o temprano volveré a este vicio, tal vez yo también lo crea, pero ya llevo más de tres años así y me doy cuenta de que independiente de las recetas, lo único que se necesita es querer dejarlo.

Me he transformado, con cada pequeña decisión que tomo, elijo el camino que voy haciendo. Me he dado cuenta de que un verdadero anarquista, debe cuidar su mente, pero también su cuerpo y que si se trata de liberarnos, que mejor que hacerlo respecto de estos vicios que son el cigarrillo, las drogas o el alcohol. Pueden existir otros anarquistas que piensen lo contrario, pero yo, me doy cuenta cuando los veo, de que están atados y peor aún que se están matando cuando se trata de apostarle a la vida.

Como anarquista, he re-descubierto la vitalidad en la naturaleza que nos rodea. He aprendido que este territorio llamado Techotiva, era una laguna grande y que si hoy en día sufrimos por las inundaciones, es porque hemos ofendido a Sie con nuestra pretendida noción de desarrollo. Ella, vuelve de vez en cuando a recordarnos, que el agua es principio de creación y que todo acto creativo esta asociado a uno destructivo.

¿Y del humedal qué? Fue la pinta que dibujaron, en la malla verde desplegada un día sobre el terreno donde se escuchaba cantar a las ranas. Alguien dijo que no era un espejo de agua y por esa razón, vinieron y lo resecaron. En ese momento, pensé decididamente en apostarle a su salvación, pensaba en un titular para el periódico, en la posibilidad de denunciarlo en los medios masivos, pero como conocedor de estas cosas urbanísticas, me daba cuenta que si contaba con aprobación de curaduría urbana, sería muy difícil salvarlo.

De mis visitas a la curaduría urbana, a la empresa de acueducto y alcantarillado y a organizaciones ambientales de la localidad, pase de ese entusiasmo febril a una desoladora tristeza frente a nuestra humanidad. Los errores que cometemos intencionadamente los pagaran nuestros hijos. Preferimos dejarles en herencia un apartamento que puede ser destruido por un sismo en solo segundos, en vez de un humedal que puede salvarnos por una eternidad. No sobra decir que un personaje como yo, tenía muy pocas oportunidades, frente a los poderes inmobiliarios que ya estaban ofreciendo en venta, los apartamentos de un conjunto que en la maqueta reducía el humedal a una zona pintada con otro color.

IV

Pensé en escribir este cuento que no tiene nada de ficción, hace mucho tiempo. A pesar del titular y de la nota redactada con una investigación objetiva en el periódico, aquella parte del humedal desapareció. En la actualidad, se erigen varios proyectos de apartamentos allí y el agua sigue escurriendo de vez en cuando sobre la alameda. En estas épocas de invierno, el humedal que queda, recibe la carga de lluvias, que van a parar a un caño que construyó la Empresa de Acueducto y Alcantarillado en asocio con los constructores. Algunos residentes del sector, están pidiendo que tapen el caño. Al parecer nadie quiere saber del agua que huele mal y que solo atrae habitantes de calle o más basura al sector.


El agua sin embargo, lucha para no ser invisibilizada. Ya se ha tomado otro terreno aledaño a un parqueadero de camiones que hay cerca del humedal. Pero más fuerte aún, es su respuesta cuando en épocas de lluvias se desborda a través de ríos como el Fucha el Tunjuelo o el mismo río Bogotá. Este territorio ha sido anfibio siempre y reclama ser reconocido como tal, pero nuestra “inteligencia” cartesiana, nos impide tal mestizaje.

El daño es irreparable, porque ya existen las torres de apartamentos, porque ahora son muchos más los vehículos que transitan y colapsan la avenida Ciudad de Cali al suroccidente de Bogotá y no es muy prometedor el futuro inmediato cuando aún queda espacio por urbanizar. Cuando salgo a trotar, observo las pancartas de nuevos proyectos de vivienda, observo como la gente produce más basura y de cómo no sabemos reciclar. Cómo a pesar de todo, carecemos de conciencia ecológica y de cómo, el cambio no es cuestión de recetas sino que, lo único que se necesita es querer cambiar.

No he vuelto a fumar. En mi caso, también pueden existir daños irreparables a mi salud. Sé que tarde o temprano moriré, fume o no. Sé que a pesar de las luchas frontales a los narcoterroristas, aún nos falta mucho para luchar contra el consumo y la publicidad que nos invita a ser alcohólicos o adictos a la nicotina. Se también, que muchos de los que me rodean y que estimo mucho, son fumadores compulsivos y que no sacó mucho con pretendidas evangelizaciones o cantaletas recriminadoras sobre sus decisiones de consumo. Ellos son igual de libres en escoger acerca de su destino.

Mi anarquismo, es como una religión que me orienta y me hace tener fe en el ser humano y en la capacidad que tenemos para cambiar nuestro destino. Me levanto y salgo sin miedos a la calle, salgo a trotar por la alameda y me siento pleno de vida y feliz al escuchar el canto de los pájaros. Me impresiona pensar que podrán pasar muchas generaciones y que este planeta aún continuará aquí. Mi esperanza es que ese planeta sea más verde y menos gris. Donde la vida en general vuelva a ser el objeto de nuestro desarrollo y no la búsqueda del poder o del dinero. Ese romanticismo, puede rayarle a muchos activistas que solo hablan de lucha, de violencia, pero no me importa, ya no me interesa encuadrar mi ser libertario en doctrinas filosóficas o políticas, solo me interesa tener la posibilidad de construir mi propio proyecto de vida y de ayudar para que muchos más como yo, gocen de esa posibilidad.
Es domingo. Veo el reloj y me doy cuenta de que aún es muy temprano. Decido arroparme y dejar que el sueño se apodere de mí. A diferencia de muchos años atrás, ahora me siento tranquilo. No deseo huir de mi destino. Ya no siento la necesidad de correr, de evadirme, de negarme. La calle sigue ahí, el barrio sigue ahí, la alameda y el humedal también, yo también continuo aquí, en este lugar. Saldré un poco más tarde hoy y trotaré una vez más.

Saludaré a los pájaros, tendré esos enormes deseos de devorarme el mundo, de vivir la vida de manera intensa, de aprovechar este día porque puede ser el último, intentaré recuperar un poco más de mis pulmones, intentaré oxigenar mis ideas y refrescar mis recuerdos, atrofiados a veces por todo el vacío de la existencia moderna y miraré hacia el horizonte con la esperanza de ver una vez más aquella ave que vive en los viejos árboles que rodean el humedal. Llegaré una vez más a ese parque que ha sido remodelado y me tenderé en el suelo para ver el cielo y las nubes. Realmente este domingo es un nuevo día, un extraño día para volver a nacer, un extraño día para dejar de ser, pero no me importa ya.