Hinkelammert y Mora, nos recuerdan de nuevo, aquella división entre
crematística y economía establecida por Aristóteles. De un lado, “el arte del
lucro”, la economía utilizada para incrementar la propiedad de dinero por el
dinero mismo y del otro, la economía como la ciencia que se preocupa por el
abastecimiento de los hogares y de la comunidad circundante, a través del
acceso a los bienes necesarios para satisfacer, potenciar y desarrollar las
necesidades humanas. No obstante, en su propuesta normativa no se aboga por la
eliminación de los mercados, sino por la posibilidad de someter los mercados a
un derecho fundamental: el derecho a vivir. Es pues, someter el valor de
cambio, la ley del valor frente a este derecho, que se constituye en base para
la libertad humana.lunes, 10 de diciembre de 2012
UNA CASA GRANDE Y BIEN UBICADA PARA VIVIR FELIZ
Hinkelammert y Mora, nos recuerdan de nuevo, aquella división entre
crematística y economía establecida por Aristóteles. De un lado, “el arte del
lucro”, la economía utilizada para incrementar la propiedad de dinero por el
dinero mismo y del otro, la economía como la ciencia que se preocupa por el
abastecimiento de los hogares y de la comunidad circundante, a través del
acceso a los bienes necesarios para satisfacer, potenciar y desarrollar las
necesidades humanas. No obstante, en su propuesta normativa no se aboga por la
eliminación de los mercados, sino por la posibilidad de someter los mercados a
un derecho fundamental: el derecho a vivir. Es pues, someter el valor de
cambio, la ley del valor frente a este derecho, que se constituye en base para
la libertad humana.domingo, 25 de marzo de 2012
¿Qué día es el domingo?
En la vida, existen muchas cosas que pueden ser el final y el comienzo simultáneamente. Al llegar a Rio de Janeiro, cada día era final y comienzo. Las costumbres adquiridas, aquellas que me habían permitido sobrevivir en el adorable pero intenso frío de Bogotá, no me servían mucho en una ciudad costera, cálida pero desconocida. Contaba uno a uno los días, los que llevaba y los que me faltaban y cada semana que pasaba significaba estar más cerca de mi regreso y más lejos de mi llegada. Creí que la solución que me facilitaría mi adaptación habría de venir de la creación de rutinas. Cuando las adquieres alcanzas cierta comodidad, cierto apego que se vuelve afecto y que solo en el momento en que la vida nos obliga, estamos dispuestos a cambiar.
| Basílica Inmaculada Concepción Rio de Janeiro 2011 |
El domingo también era el día de salir a correr. Esa costumbre que practiqué durante mucho tiempo, había sido también olvidada e intenté recuperarla aquí. Sin embargo, debido al calor y a que mi salud no era la mejor, opté por salir a caminar y vaya que caminé. Jornadas en las cuales iba descubriendo cada lugar de esta ciudad. Las playas que quedan en Copacabana, el aterro de Botafogo, de Flamengo, la pista Claudio Coutinho -mi preferida-, la playa vermelha, fueron los primeros lugares, así como las calles del sector de Botafogo, donde estaba viviendo y donde aún me encuentro. Veía escondidas entre los edificios, pequeñas villas residenciales, pequeños tesoros donde la vivienda aún sigue siendo tipo casa y que son muy valorizadas en medio de una zona tan densa a raíz de su cercanía con la playa. También fue ahí cuando vi algunas favelas, como la de Santa Marta, donde después iría a visitar a unos chilenos que conocí en el instituto.
Ambas prácticas han sido olvidadas una vez más. A menudo, el domingo vuelve a ser el día en que no quiero salir del apartamento. Un día para quedarme mirando al techo, escuchando una radio que me cuenta las noticias del mundo en portugués y que en un efecto reflejo intento callar, cuando conecto mi computadora y me conecto por la web a los medios de comunicación de mi país. Intento no romper el lazo y me mantengo informado y recuerdo que los domingos eran días en los cuales salíamos a realizar la venta del periódico, el día en que cada mes nos reuníamos en la Tingua Azul en Timiza. Hábitos que de nuevo fueron olvidados o abandonados.
El domingo se ha convertido en un día de calles solitarias, donde el ruido de los trancones desaparece y la mayoría de los negocios están cerrados. A diferencia del barrio popular donde crecí, estoy experimentando ahora lo que es vivir en una zona de clase media. Tengo a pocas cuadras un centro comercial y todos los domingos voy a almorzar allí. Esta costumbre es la que más he conservado para este séptimo día. Es a menudo el único contacto con el mundo externo, cuando decido esconderme. Desde el primer momento me di cuenta del tipo de usuarios que lo frecuentaban y debo decir que es muy poco lo se que puede comprar en los almacenes si eres un estudiante que vive apenas con los recursos de su beca. No obstante, habían dos razones poderosas que me empujaban a permanecer allí. La posibilidad de conectarme al wi-fi gratuitamente y del otro lado almorzar en un restaurante que extrañamente tenía bajos precios y ofrecía unos platos que mi estomago aceptaría sin protestar.
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| Morro de Timbau, Maré, Rio de Janeiro (*) |
El pasado domingo fue un día especial, un momento para romper algunas rutinas, para vivir algo diferente que sin embargo fue ocasional. Salí de Botafogo para visitar a un amigo alemán que vive en La Maré. Allí tiene su casa y un pequeño negocio donde vende productos orgánicos. Combina sus actividades académicas con otras de tipo político y en esta ocasión ofreció junto con un colega argentino, un churrasco allá frente a su local. La cuota eran nueve reales y la cita a las tres de la tarde. Como era la tercera vez que iba, no tuve problemas para llegar cumplidamente. Fue mi puntualidad, la que hizo que terminara ayudando a Timo y Emanuel mientras las demás personas que trabajan con él se encargaban de adecuar las mesas y el resto de la comida.
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| Nuestro churrasco en La Maré (**) |
Han llegado varias personas que conocen a nuestro anfitrión. Muchos de ellos, viven en la zona sur o en barrios del centro. Algunos son extranjeros como yo, unos se acercan para conversar con nosotros, otros por el contrario se mantienen alejados, esperando la hora de comer un buen pedazo de carne. Recuerdo ese problema, muchos caciques y pocos indios, en fin, nada raro. En mi caso, le propongo a Timo que acepte mis horas de trabajo en el asador como pago. Él lo acepta y finalizado el asado, puedo saborear una refresco hecho a base de caipiriña. Mis manos están negras por el carbón y mi cuerpo huele a asado. Una vez pasado el festín, nos dedicamos a contar nuestras historias y si bien no me gano la rifa de una planta y una agenda artesanal argentina tengo la posibilidad de hacer de este domingo un día anormal, especial, único.
Yo también espero repetir mi rutina, la que he construido en estos meses. No sé si mi semana ya comenzó o si ella terminó. No sé que tanto de lo que vivo hace parte de una nueva etapa y que pertenece al pasado. Viajando en el autobús veo alejarse el barrio popular, poco a poco lo pierdo de mi horizonte y aparecen sucesivas calles y túneles que en la oscuridad profunda de esta noche me hacen sentir perdido. He llegado a Botafogo y camino por estas calles solitarias para entrar una vez más al apartamento. ¿Ha terminado el séptimo o el primer día? No lo sé y tampoco sé que me depara esta vida.
Foto Morro de Timbau: Elisangela Leite
Foto Churraco: Facebook Roça Rio www.roca-rio.com
Las demás fotos: Hernando Sáenz
Enlace recomendado: Redes de desenvolvimento da Maré
http://www.redesdamare.org.br/mare/
jueves, 28 de julio de 2011
La planeación territorial y la emergencia de intelectuales orgánicos
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| Mural democracia participativa, Patio Bonito, Bogotá 2010 |
La revolución pasiva
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| Amanecer, Municipio de Pauna, Boyaca, Colombia |
¿Planificación participativa para qué?
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| Municipio de Pauna, Boyaca, Colombia |
Intelectuales (planificadores) orgánicos
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| Bosa San Bernardino, Bogotá, 2009 |
Finalmente…
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| Municipio de Pauna, Boyacá, Colombia 2009 |
martes, 7 de diciembre de 2010
PATER ET FILIUS
Las noticias en la radio no son nada alentadoras. Los barrios de la capital son cada vez más inseguros, o por lo menos eso dicen los periodistas, pero en realidad, él sabe que siempre ha sido así. Cuantas veces han tenido que lidiar con ellos. Recuerda aquel ladrón atrapado robando un monedero y la golpiza recibida por la gente que quería cobrar justicia por su cuenta. Recuerda también la época en que robaban a los conductores y el negocio de cabinar los carros como protección. Una protección que ha sido denunciada por los pasajeros que quedan en una situación de indefensión cada vez que los malandros deciden atacar. Cuando se estrenaron los motores diesel, la inseguridad llevo a que cada parte de una buseta estuviese contramarcada tal como sucede con los vehículos particulares. Definitivamente, el pasado no ha sido mejor y por eso al escuchar las noticias siente que el tiempo no se ha movido y que esta en un presente infinito, en una ruta circular donde no hay comienzo ni final, solo un transitar eternamente.
Una maldita rutina que se olvida con la cerveza. Eterna compañera que más de una vez dinamitó las peleas con su primera cónyuge. Es la única forma de olvidar esta mierda y de caer en un profundo letargo que se borrara al día siguiente con las necesidades de seguir sosteniendo a una familia que creció en poco tiempo y que no se cansa de pedir dinero, para poder comprar un cuaderno, un lápiz o para poder ir a un internet para conseguir la tarea. Una familia que se ha acostumbrado a dormir hacinada en una pieza, pues los sueños de una vivienda propia, se desvanecieron como el humo de un cigarrillo.
Una varada tras otra y un patrón que sencillamente espera poder chatarrizar el vehículo, pues la modernización del transporte no da espera. Para ese conductor sin embargo, el tiempo se ha quedado congelado, cada vez está más arrinconado, más excluido. Es difícil el cambio, como difícil la pensión. Es una muerte lenta y dolorosa, como un cáncer, porque mientras más buses articulados corren entre estaciones, menos espacio queda para busetas que como esa están desahuciadas, conducidas por hombres que tienen miedo a enfrentar una vida sin sus adoradas máquinas.El viaje está malo, la buseta no se ha llenado y tal parece que hay otro trancón más, otra vez, llegará tarde a la casa, otra vez llegará y verá a sus otros hijos dormir o hacer las tareas que no han hecho en la tarde, si por lo menos estos fueran igual de juiciosos al mayor.
jueves, 13 de mayo de 2010
LOS SUEÑOS QUE ME SUSURRA EL VIENTO (PARTES VI Y VII FINAL)
VI
Miller aprovecha para ir al pueblo a dejar en la lavandería su chaqueta y esperar a una prima que viene de trabajar o estudiar, -no recuerdo muy bien- desde la ciudad. Él la espera para acompañarla de regreso a la vereda. Miller se ha acostumbrado a la noche en el campo, cuando se queda en alguna gallera o cuando esta de visita donde sus ami
gos o familiares, regresa a estas horas a la vereda. Pero doña Tulia se preocupa mucho cuando él o alguno de sus otros hijos (Miller tiene dos hermanos) tarda en aparecer. A veces les reprocha que no llamen para avisar que se demoran y debido a lo peligroso que se esta poniendo el ambiente es mejor llegar temprano. No obstante a veces Miller ha llegado a medianoche. Se baja en Usme y camina rápido, sin embargo la iluminación sólo llega hasta determinado punto y queda a la deriva de los rayos que la luna desee brindarle. Hay una curva en especial en el camino donde corre un arroyuelo y donde hay varios árboles frondosos en donde la oscuridad es más profunda, sin embargo nunca le ha pasado nada. Cuando tenía 5 años se perdió en el páramo, cogió por un camino equivocado y se separó del resto de la familia. Caminó y caminó y al cabo de media hora, sintió la inmensidad de la soledad allí en ese lugar. Más tarde que temprano logró encontrar el camino y regresó a su casa, pero ahora cuando la noche lo alcanza prefiere no llegar por el Uval, dicen que se ha vuelto peligroso y es mejor no probar.
Hemos llegado sin contratiempos a Usme, la noche se ha instalado en su trono y nos vigila a su amparo. Estos días de enero son bastante propensos a la pereza y muchos habitantes sobretodo jóvenes se reúnen para ver a las muchachas más guapas y para jugar en el parque. Frente a éste, está el Hospital de Usme, según Miller van a ampliar el tipo de cobertura (del primero pasa al segundo nivel), si a ello se suman los trazados que dan continuidad a importantes avenidas de la capital y a la aprobación del decreto de urbanización, los costos de arriendo se dispararán y será más difícil vivir allí. Es el eterno problema de ser expulsados –mas no incluidos- por el progreso, la constante de
VII
Cuando sueño con llegar a viejo, pienso en cómo será esta ciudad, como será este planeta. Pero me veo a mí, rodeado de niños y niñas hablando del pasado, trayendo las memorias de hombres y mujeres que me antecedieron y de quienes en alguna manera aprendí sobre cómo vivir la vida. Cuando me pongo a pensar que estas fotos, son una enorme fascinación que me impulsa a congelar el tiempo y el espacio con la presión sobre un obturador y el flash, siento remordimiento de no poder revivir todo lo que acompaña estas imágenes, las
sensaciones, los olores, el sonido. Aún no cuento con una filmadora, olvide mi grabadora y la posibilidad de guardar los registros de las voces y sonidos del campo. Así pasó antes, en la infancia de mi madre y en las visitas a Pauna, cuando mi tío aún vivía, cuando el tío Luís vivía o cuando mi abuela vivía. Hace unas semanas pude recuperar un fragmento del pasado revelando unas placas fotográficas con la imagen de mi padre, mi tío Segundo y mi abuela paterna. Ellos tenían menos de cinco años y vistiendo de blanco dejaron un recuerdo a las generaciones que venían. Hoy, ni mi abuela Evangelina, ni mi tío viven, pero esa imagen me deja entrever algo de su mundo, así como Muñoz Molina entrevió algo y creó su obra “El Jinete Polaco”, eso es lo que me fascina de esa novela, algo que vivo permanentemente y que lamento cuando Nani hecha de menos un recuerdo fotográfico de su infancia y de los seres queridos. Por eso, esta afición a fotografiarlo todo, sin más deseo que eso: atrapar el tiempo y el espacio para mantener atrapada la vida.
Me cuesta tanto aprender a vivir sin el pasado, pero hago mi mejor esfuerzo, sé que nos acompaña, que se esconde en las dendritas de alguna neurona de mi cerebro, que activa mi memoria, bajo la influencia de determinadas circunstancias. El paseo de hoy, ha activado cientos de recuerdos que me han impulsado a organizarlos en este breve cuento, que carece de imaginación y cuenta con muchos elementos autobiográficos. No he estudiado para convertirme en escritor, así que me doy una licencia para romper las reglas de cómo hacer una novela o de enlazar a mis personajes alrededor de una trama. Más bien, trato de demostrarme, que en lo común de nuestras vidas se encuentra el material suficiente para inspirar a los poetas o a los escritores para desarrollar sus obras literarias. Más que ir a Paris o a Venecia, de estudiar al lado de no sé quién o de pascual, las mejores historias provienen para mí, de la sencillez de nuestras vidas y de la capacidad para apreciar grandes sucesos, trascendentales sucesos, alrededor de una problemática particular a nuestras naciones latinoamericanas. La desaparición de lo que antes era inmutable como la vereda, o de vivir detrás del volante de una buseta de servicio público con la tragedia que estos cambios implican para quienes se han fosilizado en el pasado, pueden además de ponernos al tanto de nuestra realidad, enseñar nuestro verdadero rostro, nuestra identidad. No sé si exista un vacío en la literatura de este país. Si a alguien le importan las vidas de las personas de a pie, del soldado que es secuestrado, de los campesinos expulsados no sólo por los paramilitares o la guerrilla sino por quienes necesitan esa tierra para sus negocios de exportación, del conductor que tiene que ver chatarrizar su buseta y
pensar en un futuro marcado por Transmilenio y de muchos más grupos que se han mantenido al margen con sus propias reglas y son sometidos a vivir bajo otra lógica, la de la inclusión forzada. Ello no quiere decir que rechace la literatura universal, simplemente señalo que nuestra región podría enseñarles y enriquecerla con su singularidad.
He regresado a mi pieza, esperando que esta noche, el dolor de cabeza me abandone, deseo caer en un sueño profundo, pero además deseo tener la suficiente persistencia para terminar esta historia. He escrito un borrador en mi cuaderno y al ver la hora en el reloj, apago la luz. Mañana este día será otro recuerdo más y cada vez que vuelva a leer este cuento recordaré los momentos que tal vez pueda acompañar con las imágenes que mi mente logre conservar. Tal vez, saque de un baúl las fotografías donde me vea a tu lado y recuerde lo linda que te veías con tu cabello al aire o aquella foto con las montañas de fondo, sobre la roca a punto de conquistar el mundo. Pero todo eso son especulaciones de un futuro que aún no es pasado. Espero llegar a este tiempo solo o contigo y decir que he logrado salir victorioso de mi única lucha: aprender a amar la vida.












