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martes, 30 de junio de 2020

AISLADOS EN UNA CIUDAD LLAMADA DESCONFIANZA

Hace 100 días que comenzaron en Bogotá las medidas de aislamiento social preventivo para evitar la propagación del coronavirus. Se ha recomendado a las personas quedarse en casa y no salir de ser absolutamente necesario ya que se trata de colaborar en un propósito colectivo como es el de salvar la mayor cantidad de vidas y no saturar la red del sistema de salud. Este objetivo requiere ante todo de una ciudadanía que confíe no solo en los demás sino en las instituciones del Estado.

La construcción de la confianza implica mucho tiempo y acabar con ella requiere de solo unos instantes. En este documento se plantea que para el éxito de las medidas de contención del virus se requiere de esa confianza que debe partir desde el mismo Estado, sin embargo, si revisamos en nuestra historia, existen casos de aislamiento social en donde prevaleció la intervención violenta, amenazante por parte de los grupos de poder económico y político hacia quienes desobedecían los mandatos que pretendían legitimarse en la búsqueda de un interés colectivo. Si bien se trata de momentos históricos muy distintos existe un elemento en común que es el aislamiento social que tiende generalmente a erosionar la confianza no solo entre las personas sino de estas hacia sus gobernantes.

 

Figura1. Algunos textos que describen el proceso de organización espacial de la población indigena: En esta imagen la carátula del libro Historia de la Localidad de Tunjuelito escrito por Fabio Zambrano (2004)

El primer antecedente de aislamiento preventivo tuvo lugar en la colonia cuando los españoles establecieron las villas para los blancos y los pueblos de indios para la población ancestral. Ante la disminución de esta mano de obra nativa y las demandas crecientes por parte de esa élite blanca se consideró necesario agrupar en un solo lugar a la población y se persiguió a aquellos que se negaban a vivir bajo esos preceptos. A pesar de ese aislamiento muy pronto se constató el incumplimiento por parte de los mismos españoles que querían la permanencia de los indígenas en las villas, o de forma más específica, en sus viviendas para tener el control exclusivo de esta servidumbre. A ello se sumó el hecho de un proceso de mestizaje que no estaba contemplado y el surgimiento de un grupo poblacional que no era ni blanco ni indígena y que con el paso del tiempo terminó ocupando las tierras que rodeaban a la capital.   

 

En Colombia las poblaciones e individuos rebeldes que se negaron a ser explotados o a vivir en los pueblos fueron aniquilados y posteriormente reemplazados con población africana. Si bien este caso no es propiamente el de Bogotá, tuvo lugar, por ejemplo, en la región Caribe. Allí también hay una proximidad entre amo y esclavo y una cohabitación en la misma hacienda. En cuanto a los grupos rebeldes estarán conformados por grupos de esclavos fugitivos que se internaran en las selvas y zonas de valles interandinos para establecer otras formas de habitar el territorio. Se tratará de los arrochelados, de los palenques, poblaciones y territorios que serán objeto de intervención por las autoridades bajo el pretexto de disciplinar a sectores que se niegan a vivir como lo dictamina Dios y su majestad el Rey.

 

Volviendo al caso de Bogotá, una segunda etapa de aislamiento preventivo surgió especialmente en la segunda mitad del siglo XX pero esta vez fueron protagonistas las élites urbanas. En el caso colombiano se trató de un proceso acelerado provocado por las migraciones del campo a la ciudad. Sea por razones del conflicto armado o por cuestiones económicas dicho crecimiento urbano conllevó a una situación de crisis en materia habitacional que se resolvió a través de una urbanización que iba contra las normas de la planificación urbana. La ruralización de las ciudades fue la expresión que recogió esa situación de modernización sin modernidad.

 

Figura 2. Carátula del libro Bogotá a través de las imágenes y las palabras publicado en 1988 y con textos de Alberto Saldarriaga, Ricardo Rivadeneira y Samuel Jaramillo.

La presencia de estas poblaciones de origen rural no pasó desapercibida en la ciudad. Al igual que en la colonia algunos campesinos se convirtieron en la servidumbre de las élites y convivieron en las casas de sus patrones pero lo más significativo estuvo asociado con un proceso de auto-segregación de estas familias adineradas que abandonaron los centros tradicionales para irse a vivir a nuevos barrios localizados a las afueras de la ciudad. En el caso de Bogotá se han ido desplazando cada vez más al nororiente buscando habitar en sectores exclusivos mientras que los demás grupos sociales ocupan los espacios residuales. Entre algunas razones que explican ese aislamiento está la sensación de inseguridad en un centro cada vez más popular y del otro lado en la búsqueda de nuevas formas de diferenciación social que pasaban ahora por la localización en la ciudad y el tipo de barrio en donde se vivía.

Se impuso una división social del espacio que se caracterizó además por serios cuestionamientos sobre las condiciones de vida de las poblaciones que habitaban en los barrios periféricos y los inquilinatos centrales y de la erradicación física de aquellos barrios que iban surgiendo en la ilegalidad. Esta política de arrasar con todo afortunadamente no tuvo mucho éxito en la ciudad y dio paso a un reconocimiento de esa urbanización popular y por lo tanto a programas de legalización y regularización. Debe recordarse, pese a ello, que a diferencia de otras ciudades aquí predominaron procesos de loteo de las haciendas que pertenecías a las élites urbanas y por tanto ese mercado de tierras le generó enormes beneficios políticos y económicos de los cuáles poco se habla en las investigaciones urbanas. Esta política de legalización buscó homogenizar las condiciones de vida de la población pero ha estado acompañada de estigmatizaciones de estos territorios por estar habitados por grupos indisciplinados.

 

Bogotá se dividió entre un norte rico y un sur pobre pero aún estaba por explotarse económicamente un discurso de inseguridad que muy pronto daría lugar al desarrollo de novedades inmobiliarias tales como el conjunto cerrado. Este aislamiento preventivo tuvo lugar a causa de la sensación de inseguridad de las élites y de la posibilidad de resolverla a través del mercado. La construcción de encerramientos, la disposición de cercas eléctricas, cámaras de vigilancia, circuitos cerrados de televisión, presencia de vigilantes armados y perros guardianes hacen de cada conjunto cerrado un castillo medieval. Esta novedad introducida en los años ochenta del siglo pasado se ha ido expandiendo a las demás clases sociales y hoy incluso la vivienda de interés social VIS se caracteriza por traer consigo una forma diferente de vivir en comunidad. Un aislamiento en donde a pesar de vivir en el mismo bloque de apartamentos se carece de vínculos de cualquier tipo con los vecinos.

 

El discurso de inseguridad y el miedo al contacto con los otros se propagó a actividades que iban más allá de las residenciales. En estas décadas hemos visto el crecimiento exponencial de los centros comerciales estratificados según la clase social a la que van dirigidos, la expansión sobre la sabana de colegios y universidades campestres para las élites y las clases medias, los complejos de servicios médicos propiedad de empresas privadas del sector de la salud. Todas son formas de aislamiento preventivo que se apoyan en el discurso de inseguridad ante un posible atraco, ante una pésima atención hospitalaria o ante una educación que no garantice el acceso a un mercado de trabajo o a un ascenso social.

 

Figura 3. Las calles vacías fueron la característica al inicio de la cuarentena.Foto: Hernando Sáenz (2019) Sector La Macarena, Centro de Bogotá


Las medidas de aislamiento preventivo impuestas en Bogotá y muchas otras ciudades del mundo tienen entonces la novedad de estar dirigidas ahora a la circulación o movilidad cotidiana en el espacio urbano. Ante la inseguridad frente al contagio se nos impide la circulación en la ciudad. Si se trata por motivos laborales la respuesta es el teletrabajo, si se trata de motivos de enseñanza se propone la educación virtual, si se trata de los servicios médicos se propone la telemedicina, si se plantea con fines recreativos se promueven las plataformas de streaming, si se trata de visitas a nuestros seres más queridos se nos propone el uso de la tecnología que nos ofrecen las empresas de celulares.  Tal parece que el contacto humano real y la circulación en el espacio urbano van a paso de convertirse en un lujo para ciertos sectores mientras que la mayoría se dedica a vivir sus vidas detrás de la pantalla de un computador o un celular.

 


Las excepciones van nuevamente en función de las necesidades de los grupos de mayor poder económico y político así como de cierto sector de la clase media. Determinadas profesiones y actividades continuaron y nuevas formas de servidumbre se ensayaron para tener a la empleada doméstica haciendo de nana, o de la vigilante que se mantuvo como rehén en un edificio en un sector exclusivo de la ciudad, o del empleado que se vuelve el conductor personal de algún empresario que sale de la ciudad aprovechando sus contactos personales. Se requieren de los profesionales de la salud, de los venezolanos que llevan el domicilio o trabajan en una empresa de carga, también están determinados empleados bancarios. Pero la gran mayoría se dedica a mantenerse en casa con miedo a enfermarse. Reducir la movilidad al máximo le ha dado un impulso al sector de las tecnologías de la información y comunicación las cuales intentan aprovechar la situación para acelerar cambios que se han demorado en operar pero que ya se habían identificado hace unas décadas.

En esta historia circular y acumulativa también reaparecen los rebeldes, quienes se niegan a vivir bajo el orden que se intenta imponer. Algunos actúan por necesidad como son muchos vendedores informales, otros apelan a su capacidad de autocuidado para justificar su derecho a circular y rechazan ser tratados como niños o adolescentes ya que son adultos mayores y otros sencillamente no le temen al virus a pesar de los mensajes y amenazas promovidas desde el gobierno, bien sea la imposición de multas elevadas por transitar en días o zonas no permitidas, la militarización o la imposición de toques de queda o el envío a una cárcel o centro de retención temporal. Se espera que la amenaza sirva para disuadir esos comportamientos indebidos, ya que subyace una lógica economicista que considera que todo se reduce a un cálculo costo-beneficio, que le apuesta a lo punitivo y no a la pedagogía.

Si hay un elemento en común en estas tres poblaciones es el rechazo a cierto tipo de Estado que impera en Colombia. Un Estado ausente que elude su responsabilidad en brindar seguridad a los ciudadanos y que cuando hace presencia lo hace a través de la fuerza, la violencia y el autoritarismo. Un estado que delegó en el mercado las posibilidades para “comprar seguridad de todo tipo” y que carece de legitimidad aunque irónicamente sea quién determina lo que en teoría es legal o no.

 

Figura 4. Barrio Dindalito (2014). Foto tomada po Hernando Sáenz. La migración campesina se ha encargado de colonizar la ciudad desde los años 50 del siglo XX. A partir de procesos de legalización se ha tratado de incluir estos barrios al resto de la ciudad.

Si esta situación de aislamiento social es un rasgo estructural de nuestra sociedad no existirían mayores motivos para sorprenderse acerca de la manera en que esta crisis está siendo manejada. Una oportunidad más para ejercer el autoritarismo, pretendiendo disciplinar a una población que carece de un referente de Estado Bienestar y que hace mucho trata de resolver sus problemas por la vía del mercado o de los recursos que logra movilizar con la familia o la comunidad. Nuestro individualismo se encarga de reforzar ese tipo de soluciones al punto de plantear que en esta ocasión solo los fuertes sobrevivirán y que no se trata de apelar a la intervención del gobierno en la economía. No obstante, ese discurso contrasta con decretos presidenciales en donde se establecen paquetes de ayudas económicas a los grandes empresarios del país.

Aislados socialmente en nuestros cuartos y conectados a una realidad virtual en donde los diferentes se convierten en una amenaza que debe ser erradicada perdemos las posibilidades para crecer como sociedad, como seres humanos. De sensibilizarnos frente al dolor ajeno. Nuestro rencor se materializa en memes insultantes, en la desconfianza frente a quienes son beneficiarios de cualquier tipo de ayuda y en una exaltación de la competencia a muerte. Nuestro miedo termina alimentando los caudillismos y la persecución a los extraños (cierto tipo de extranjeros, pobres, negros, indígenas, habitantes de calle). Destruye lo poco que queda de esa confianza necesaria que necesitamos para tratar con los demás, especialmente con los desconocidos.

¿Cómo romper esta cadena de aislamiento social autoimpuesta? ¿Cómo recuperar la confianza y pensar que podemos estar más seguros afuera? ¿Cómo recuperar el abrazo sincero, el apretón de manos vigoroso, el beso en la mejilla, el apretón de una cintura en pleno baile, el sudor de los cuerpos en una noche de pasión? ¿Se reducirán todas esas sensaciones a secuencias de programación ejecutadas por un computador? ¿O nuestra rebeldía nos impulsara a salir y ocupar los cafés, los cines, los bares, la calle, el parque del barrio, la escuela en busca de ese otro que motiva la existencia de un vínculo social?  

Una cosa sí sería segura: la confianza en el otro, la confianza de la ciudadanía en el Estado no se alcanza a través de mecanismos autoritarios y violentos, esas estrategias solo alimentan el rencor y la ira. Esa ha sido nuestra historia y no podemos ahora pretender explicar la rebeldía con explicaciones simplistas que descargan todo en el individuo y se olvidan de los factores estructurales que están presentes en la historia de nuestra sociedad.

lunes, 18 de junio de 2018

UNA CUESTIÓN DE PEDAGOGÍA: LO QUE LA MATEMATICA NOS PUEDE ENSEÑAR


El ejercicio de la docencia universitaria se constituye en una oportunidad para reflexionar no solo sobre los contenidos o temas que se consideran pertinentes en la formación profesional de los estudiantes sino para debatir acerca de las metodologías que se emplean en sala de aula para trasmitir ese conocimiento. Creo que por este rol que jugamos en la educación es necesario el desarrollo de una actitud crítica especialmente cuando se trata de auto-evaluar nuestro ejercicio profesional y de aceptar nuestros errores, aprender de ellos y avanzar en esa búsqueda por hacer de nuestros cursos no solo un espacio de formación profesional sino de formación cívica, ciudadana.

La sala de aula es como dice Kuntz (1996b) una pequeña microsociedad en donde las relaciones estudiantes-docente y entre estudiantes pueden estar basadas en estructuras piramidales o del otro lado situaciones más espontáneas, democráticas y creativas. Si la práctica pedagógica es ante todo una práctica política surge entonces la necesidad de avanzar hacia prácticas pedagógicas que para el caso colombiano nos permitan alcanzar ese mínimo que es el respeto a la diferencia y el reconocimiento del otro y sus ideas. Si el docente se aprovecha de su saber para establecer relaciones autoritarias termina reproduciendo una estructura social rígida que guarda mucha similitud con las estructura social del país. La transformación de esas relaciones cotidianas requiere ante todo de una elevación del nivel de consciencia acerca de las relaciones que se tejen con quienes nos rodean.

Mi experiencia de enseñar economía para no economistas

Mi interés por reflexionar acerca de mis prácticas como docente me llevaron en el pasado a escribir acerca de la enseñanza de la economía. En aquella ocasión planteé la necesidad de luchar contra un imperialismo económico en las ciencias sociales y por modificar nuestros planes de estudio para que los estudiantes reconocieran la importancia de las metodologías cualitativas, de cultivar el gusto por el arte y la literatura, de una formación más integral, más humanista por cuánto el discurso técnico nos tiende a volver seres insensibles.

La trayectoria profesional de estos últimos años me ha llevado a ser docente de economía en un programa de sociología. En esta etapa he podido tener más espacio para la experimentación no solo en la elección de los contenidos a enseñar sino en la metodología que puedo emplear en clase. Frente a un plan de estudios que contemplaba un curso de microeconomía y otro de macroeconomía que no estaba dando los resultados esperados, pensamos con otros docentes revisar los contenidos y pensar en las necesidades de quienes estaban estudiando sociología. Existía además un problema que también era determinante y era la necesidad de un docente economista con mayor empatía hacia las ciencias sociales, es decir, que lograra estar dispuesto a escuchar y construir y no de imponer su visión de mundo.

Se han planteado dos cursos que están en aplicación desde 2016. Un curso presenta a los estudiantes de sociología la evolución del pensamiento económico haciendo enfasis en los campos que acercan a las dos disciplinas (socioeconomía, sociología económica, economía social y solidaria) mientras que el segundo curso gira alrededor de la comprensión de la economía colombiana haciendo un recorrido desde la escala global a la nacional aportando los elementos que permitan discutir acerca del modelo de desarrollo económico y sus impactos en la sociedad colombiana. Espero tener la posibilidad de escribir acerca de este modelo más adelante y de poder utilizar los resultados de evaluación de estos cursos para revisar los objetivos planteados y mirar los efectos que este cambio ha traído en la formación de los estudiantes de sociología.

En este texto deseo reflexionar sobre aspectos que he considerado necesarios para fortalecer el curso de economía colombiana. Mientras en el curso de pensamiento económico se espera enseñar sobre la diversidad teórica que existe en la ciencia económica para el caso del curso aplicado al caso colombiano se ha tratado de avanzar en el desarrollo de habilidades para la comprensión del lenguaje técnico que los economistas suelen emplear no solo en los textos académicos sino en la prensa económica ya que este lenguaje suele ser una barrera para que los no-economistas puedan entrar en el debate académico y científico.

Volviendo a Kuntz (1996b) es importante el desarrollo de unas habilidades en los estudiantes que les ayuden a estructurar su pensamiento y les permita utilizar de manera más eficaz el conocimiento adquirido. La matemática y la geometría tienen esa potencialidad pero ante la ausencia de interés por los procesos racionales se evidencia consecuencias negativas en el plano político: la ausencia de adhesión de grupos a las instituciones y valores fundamentales que ponen en riesgo la democracia. Kuntz señala por ejemplo que al carecer de este tipo de formación existe un desdén hacia la aceptación de reglas especialmente en el ámbito lingüístico (ausencia de vocabulario y desconocimiento entre ortografía y gramática).

Es una reflexión muy pertinente cuando nuestro país vive este clima de agitación electoral y saltan a la plaza pública numerosos políticos que apelan a discursos que carecen de esas reglas básicas que propendan por un verdadero debate. Retomando a Kuntz (1996b) por medio del debate científico se hace democracia ya que allí cada participante tiene el derecho a participar y le reconoce al otro la posibilidad de expresarse y participar en la solución de problemas. Sin embargo, en el plano económico y social tiende a ser excesivo el papel que adquieren los técnicos y expertos mientras que los demás quedan reducidos al silencio. Predominan soluciones cuantitativas que carecen de parámetros humanos y un corto circuito en el diálogo cuando estas “personas brillantes” se les dificulta escuchar el discurso un poco torpe de la población que por lo general sufre los efectos de esas medidas. Kuntz concluye abogando por un paso de la tecnocracia a la democracia, la cual está marcada por la incorporación de esos parámetros humanos, de alcanzar ese debate científico.

Es por esta razón que me he detenido a pensar en el papel que cumple la formación en matemática y geometría y sus beneficios para una sociedad más incluyente y tolerante. Muchos de los estudiantes han expresado sus debilidades en este tipo de conocimientos y por ello existe cierto rechazo inicial a los cursos pero a medida que se logra discutir sobre los postulados teóricos de las escuelas económicas se puede entender que detras de cada escuela existe una visión de mundo, una ideología. Sin embargo, no se puede caer en el error de considerar que usar las matemáicas o la geometría en el análisis económico sea parte de una "ideología capitalista" ya que justamente esas herramientas podrían ayudarnos a denunciar la desigualdad e injusticia que genera el sistema económico dominante.
Si mi primera reacción fue la de evitar el uso de esas herramientas y de intentar explicar las principales ideas que se escondían detrás de las diferentes escuelas de pensamiento y de algunos modelos económicos, con el tiempo, he cambiado mi punto de vista y me he interesado en la discusión acerca del cómo enseñamos y de recuperar la importancia de esta formación para la vida cotidiana. Creo que existen vacíos en mi propia formación que he decidido aceptar y resolver a través de la oportunidad de ser docente y en ese caso se trata de aprender con los estudiantes, en función de sus necesidades y de las mías propias. Es encontrar un justo medio entre una formación técnica pero sensible al dolor humano.

Un conocimiento estructurado alrededor de los mapas conceptuales

La formación en matemática y geometría está asociada a la formación de la mente y en el desarrollo de una capacidad para aprehender los interrogantes que nos plantean diferentes escenarios de la vida económica y social. Las habilidades derivadas por ejemplo de una formación en geometría radican en la posiblidad de llevar a cabo un proceso de manejo abstracto de información que tiene lugar en un contexto marcado por el tipo de sociedad en la que vivimos (industrial, pos-industrial, etc.) (Kuntz, 1996a).

Retomo nuevamente a Kuntz quién me ha servido de fuente para este breve ensayo ya que este autor hace una relación entre la importancia de una formación en matemática y geometría que va más allá del interés en adquirir un conocimiento que se pueda explotar en el mercado de trabajo sino que por el contrario nos permite hacernos mejores ciudadanos. Autores como Ha-Joon Chang (2016) también han señalado la importancia de que los no economistas conozcan los debates técnicos y se interesen por participar en ellos. Se trata de una aspiración que requiere en primer lugar la destrucción de ese muro impuesto por una jerga técnica, por ese debate técnico al que ya me referí antes.

El plano del convento- El Nombre de la Rosa
Manejar la información que nos proporciona el contexto de nuestra sociedad implica entonces comprender, por ejemplo, el proceso que realiza el geómetra, el cual inicia con la abstracción, por la codificación de un dibujo para convertirlo en figura geométrica. La abstracción tiene lugar cuando se asocia esta figura geométrica como parte de una familia de figuras compatibles con el enunciado principal. “Aquí la abstracción del proceso geométrico se manifiesta claramente, es decir, el razonamiento que se basa en una de las figuras de la familia debe ser pertinente a todas las demás” (Kuntz, 1996a,178).

El experto enriquece posteriormente la figura obtenida gracias a que dispone de información ligada a una memoria estructurada, de donde se desprenden sus actos. Pero también este experto evita la introducción inesperada de información ajena al enunciado. De esta figura enriquecida el experto realiza una extracción mental o gráfica de toda clase de sub-figuras cuya pertinencia conoce y que pueden ser fuente de conjeturas. “De la información global que contiene el enunciado extrae bloques de información que organiza en función de su experiencia y del propósito eventual que persigue” (Kuntz, 1996a,178).

La clasificación es el paso siguiente y consiste en la contextualización del problema. El experto lo relaciona con los conocimientos y los meta-conocimientos pertinentes. Aquí radica una de las principales causas del buen desempeño del experto. Después de la fase de clasificación se buscan las soluciones. Este proceso de enriquecimiento de la figura, clasificación y búsqueda de las soluciones se puede repetir muchas veces hasta lograr una solución o conjunto de soluciones al problema. En suma, el conocimiento matemático y geométrico se estructura alrededor de mapas conceptuales llenos de etiquetas. Entre más denso y extenso el mapa hay más posibilidades en dominar un tema. Por último, se nos recuerda que esos mapas no son fijos sino que se mueven y se pueden ampliar.

Una aventura que vale la pena vivir

Nuestro país se encuentra en un momento histórico ya que a partir de la firma de los Acuerdos de Paz se ha recuperado la fe y la esperanza en construir una nueva forma de relacionarnos, de dejar atrás el miedo que no nos dejaba pensar claramente y que nos nublaba la razón. Creo que un efecto positivo que deja este acuerdo está en sembrar las condiciones para que prospere ese debate cientifico, es decir, una situación en donde cada uno escuche a los otros, en donde las nociones de verdad y error científicos sean puestas a prueba en relación a nuestro contexto lejos de la imposición de doctrinas o verdades únicas vendidas con halos de infalibilidad. De romper con esa exclusión que alimentan los debates técnicos.

La Biblioteca- El Nombre de la Rosa
Creo que esa potencia de las matemáticas sería indispensable en Colombia para un escenario de posacuerdo. Nuestra sociedad es víctima de una polarización que es alimentada por discursos e imágenes que se han construido a partir de lo emocional y poco desde lo racional y es por eso que terminamos siendo un país que le hace homenaje a la pasión, especialmente cuando se trata de su poder destructivo. Surgen entonces los siguientes interrogantes ¿Puede ser la matemática y la geometría una opción para ofrecernos una salida cuando los radicalismos promovidos por los fanatismos religiosos e ideológicos nos han llevado a la muerte y exterminio del otro?

Asumir ese desafío en materia de enseñar matemáticas y geometría requiere claro está de estrategias metodológicas y en términos más globales de cierta pedagogía, es una aventura para quién desea la experimentación y la creatividad en sala de aula. El objetivo será la de ayudar a que los estudiantes tengan la posibilidad de organizar y hacer avanzar mapas conceptuales, de que la estructuración de su conocimiento no sea resultado de la acumulación de grumos organizados de forma confusa. Este esfuerzo requiere también de estudiantes apasionados por el deseo de aprender. El beneficio como puntualiza Kuntz para la vida en general será la de tener “un intelecto bien edificado [que] puede tratar con éxito temas abstractos bien diversos” (Kuntz, 1996a: 182). 

¿Y la formación profesional?

La capacidad de interpretar escenarios complejos y de poder estructurar un mapa conceptual que nos permita comprender diversos fenomenos sociales y económicos tiene también una consecuencia en el tipo de profesional que se puede formar. Es la de un ser humano con capacidad para dialogar con otros saberes. El mundo después de la universidad se convierte en un proceso continuo de interacción con profesionales de otras disciplinas y con saberes que se han forjado por fuera de las instituciones educativas. Lejos del imperialismo arrogante de la ciencia económica se trata de un escenario en donde se encuentran mapas conceptuales que recogen diversas visiones de mundo frente a un objeto en particular. Es posible que unos sean más racionales que otros o que respondan a racionalidades diferentes pero lo importante es reconocer que esa diversidad en las lógicas que los soportan no implican que el saber técnico sea el único a tener en cuenta.

Para aquellos tecnócratas que se escudan en un conocimiento imparcial y libre de ideologías queda como desafío el avanzar hacia una mejor comprensión de esos otros saberes. Avanzar hacia una integración que lastimosamente no suele tener lugar en la esfera de la política pública y tristemente tampoco en el caso de los movimientos sociales. Para los docentes y especialmente para quienes enseñamos economía sería de vital importancia que a la hora de enseñar trasmitiéramos no solo ese saber técnico sino esa sensilidad hacia el otro. De colocar nuestro grano de arena en la construcción de una sociedad menos rígida.

El reto está entonces en una enseñanza en donde la formación matemática tenga esa potencia de ayudar en la comprensión de los procesos sociales. A través de un lenguaje y unas herramientas específicas se puede tratar de enfrentar la confusión que traen los contextos y hacer un proceso de depuración y abstracción que puede contribuir en la comprensión de las complejidades de esa vida económica y social. Se trata del reconocimiento de otros saberes y de la construcción solidaria de un pensamiento que no sea estéril y que nos permite avanzar hacia una sociedad más racional a la hora de actuar pero que conserve la sensibilidad hacia el dolor de quienes han padecido los efectos negativos del modelo de desarrollo económico que nos han impuesto esa élite tecnocrática que nos gobierna.  

Referencias 

Chang, Ha-Joon (2016) Economía para el 99% de la población. Penguin Randon House Grupo Editorial. Bogotá.

Kuntz, Gerard (1996a) Conjeturas sobre la utilidad de una formación matemática para la vida económica y social. En: Revista EMA 1(3) pp.173-194 Disponible en: http://funes.uniandes.edu.co/1024/

Kuntz, Gerard (1996b) Conjeturas sobre la utilidad de una formación matemática para la vida económica y social 2. En: Revista EMA 2(1) pp. 3-18 Disponible en   http://funes.uniandes.edu.co/1031/