Mostrando entradas con la etiqueta vivienda. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta vivienda. Mostrar todas las entradas

lunes, 10 de diciembre de 2012

UNA CASA GRANDE Y BIEN UBICADA PARA VIVIR FELIZ



La vivienda es actualmente tratada como una mercancía más y en ese sentido el acceso a la misma depende antes que nada de la capacidad de pago del hogar. En Colombia, así como en la mayoría de las naciones que tienen economías de mercado, adquirir una vivienda requiere de los recursos suficientes para su compra, bien sea en el mercado de vivienda nueva como en el de usada. Incluso la compra de un lote en una “urbanización pirata” requiere de recursos y quienes carecen de ellos sencillamente deben conformarse con vivir en alquiler.

Una de las consecuencias de esta lógica mercantil es que tanto el tamaño, como la localización y la calidad de la vivienda terminan estando asociadas al precio. La política de vivienda de interés social VIS implementada en las últimas décadas -no solo en Colombia sino en varios países latinoamericanos- es prueba de ello. Para los hogares con menores ingresos, a pesar de la posibilidad de un subsidio, de un crédito en la banca comercial y de los ahorros, no existe realmente mayor libertad para elegir. Se trata más bien de aceptar lo que los ingresos pueden costear. Una casa  o apartamento grande y bien localizado se ha convertido en el privilegio de unos pocos.

Por eso es tan importante la discusión que tiene lugar en Bogotá, sobre la construcción de viviendas gratis que ha prometido el gobierno nacional para los más pobres. Imagino que para algunos es muestra de un esfuerzo del presidente Santos por luchar contra la pobreza, para otros por el contrario significará una muestra más de la relación existente entre él y los gremios de la construcción y de las medidas que se toman, buscando que las tasas de ganancias se mantengan, frente a un desaceleramiento de la demanda solvente. Por ahora, me parece oportuno, destacar que el discutir sobre la localización y el tamaño de la vivienda, nos lleva a cuestionarnos sobre la posibilidad de “desmercantilizar” el acceso a la vivienda y verla entonces desde una óptica más humana[1].
 
Frente a la discusión sobre un área de 40 o 45 metros cuadrados[2], basta señalar como durante muchas décadas el tamaño promedio de un lote comprado en una urbanización irregular era de 72 metros cuadrados. La vivienda si bien era construida poco a poco tenía unas dimensiones que facilitaban la construcción también de espacios para colocar una tienda o un negocio, e incluso para la construcción de espacios para arrendar. Con las viviendas de interés social VIS y particularmente con la más barata de ellas, denominada Vivienda de Interés Prioritario VIP, se ha caído en una situación en la cual, los pobres tienen más dificultades para aprovechar la casa como fuente complementaria de ingresos. Ingresos obtenidos no por el simple afán de lucro, sino bajo una lógica de subsistencia.

En cuanto a la localización, debe señalarse positivamente la puesta en debate acerca del derecho a vivir bien localizado en la ciudad y de luchar contra la segregación socioespacial. Cuando imperan estos deseos especuladores con el valor del suelo en zonas centrales, la actuación del gobierno distrital en defensa de los sectores de menores ingresos es de destacar, puesto que la mayoría, sino la totalidad de oferta de VIS estaba concentrada en la periferia de la ciudad. La reducción de espacios para ser urbanizados de manera informal también ha significado que hasta este tipo de oferta se ubique cada vez más lejos de las centralidades de la capital. Creer que es posible ofrecer vivienda para los grupos de bajos ingresos en localizaciones centrales permite entonces mejoras en la calidad de vida de estos hogares, representados por las posibilidades de trayectos más cortos y menos costosos hacia los lugares que concentran la mayor oferta de trabajo (formal e informal) de la ciudad.

Todos estos esfuerzos, sea la de una vivienda con las dimensiones adecuadas y una buena localización, creo que pueden ser pensadas desde una Economía para la vida, propuesta teórica y metodológica  presentada por Franz Hinkelammert y Henry Mora en un libro publicado en 2009[3]. Allí, los autores discuten sobre cuál es el objeto de estudio de la ciencia económica. Para responderla, parten de la pregunta más básica que todo ser humano se realiza: ¿cuál es el sentido de la vida? La respuesta esbozada en términos muy sencillos es que se trata de vivirla. Para ellos, los seres humanos buscan una vida material, concreta y tratan de acceder a los medios que les permitan vivir.  Lo que ha sucedido durante la hegemonía del sistema capitalista es que dicho acceso se ha ido restringiendo progresivamente a una única opción: el mercado. Como ya mencionamos en el caso de la vivienda, sea regulado o no, es el mercado y por ende la capacidad de pago lo que define el tamaño, la calidad y la localización de la vivienda.

Hinkelammert y Mora, nos recuerdan de nuevo, aquella división entre crematística y economía establecida por Aristóteles. De un lado, “el arte del lucro”, la economía utilizada para incrementar la propiedad de dinero por el dinero mismo y del otro, la economía como la ciencia que se preocupa por el abastecimiento de los hogares y de la comunidad circundante, a través del acceso a los bienes necesarios para satisfacer, potenciar y desarrollar las necesidades humanas. No obstante, en su propuesta normativa no se aboga por la eliminación de los mercados, sino por la posibilidad de someter los mercados a un derecho fundamental: el derecho a vivir. Es pues, someter el valor de cambio, la ley del valor frente a este derecho, que se constituye en base para la libertad humana.

Considero que la mercantilización de la vivienda nos ha llevado a naturalizar el dicho popular que dice “me tengo que ir: soy pobre y vivo lejos”. Recordándonos las ideas propias del análisis de tipo neoclásico, los autores critican el fetichismo que existe sobre el postulado de la eficiencia y la lucha competitiva, el cual se impone incluso frente a las exigencias por vivir. Aunque parece ya un sueño lejos de ser realidad, vale la pena discutir acerca del tamaño de las viviendas que se ofrecen. Aunque conservadora la definición de un mínimo de 45 metros cuadrados, vale la pena preguntarse si realmente no es posible que se mantengan ofertas con tamaños más dignos y tipos de vivienda más flexibles, similares a aquellas auto-construidas en décadas pasadas.

Un punto final destacado por Hinkelammert y Mora, radica en el proyecto de ser humano por el cual debería luchar esta Economía para la vida. Señalan que se trata de recuperar al sujeto y su subjetividad perdidos en el objetivismo de la tradición positivista de la sociedad moderna. Se trata de erradicar las relaciones sociales en que el ser humano es humillado, sojuzgado, abandonado y despreciado. Creo que cuando es más importante la especulación inmobiliaria se está casi que violando un derecho fundamental como es el del acceso a una ciudad en condiciones de dignidad. Lastimosamente el papel del Estado ha dejado de orientarse por las potencialidades que tiene para  “desmercantilizar” el acceso a los bienes que garanticen la vida humana. Si bien existen los canales para la participación ciudadana, aún falta mucho para que temas como el tamaño y la calidad de las viviendas construidas sea debatido entre los movimientos sociales que trabajan a escala local. Ante un discurso cada vez más fuerte de una escasez de suelo en Bogotá, puede esperarse que la mirada del acceso a la vivienda se quede anclada en estudios que hablen de costos de producción inflados o en concursos arquitectónicos de diseños de VIS precaria. ¿Existe la posibilidad de una movilización cívica alrededor de una oferta de VIS digna? ¿Podemos dejar de asociar el tamaño con el dinero y pasar a ver la necesidad de una vivienda en función del tamaño del hogar y sus necesidades? ¿Porque no nos cuestionamos éticamente por una desigualdad que se manifiesta por la construcción de esas ciudadelas de VIS y del otro lado grandes apartamentos? ¿Por qué dejar que el espacio sea definido por la capacidad de pago y no por el tamaño del hogar que lo ocupa? ¿Cómo encontrar un criterio más justo?


[1]    En el diagnóstico y formulación del Plan de Desarrollo de la ciudad, está presente de manera explícita una apuesta por pensar el desarrollo desde la perspectiva del ser humano. Véase por ejemplo Alcaldía Mayor de Bogotá. 2012. Bases del plan distrital de desarrollo Bogotá Humana 2012-2016. Disponible en http://www.sdp.gov.co/portal/page/portal/PortalSDP/Home/Noticias/HistoricoNoticias/PlandeDesarrollo
[2]    Distrito advierte que casas gratis presentadas por el gobierno son “muy pequeñas”. El Espectador. Sección Bogotá. 4 de Noviembre de 2012. http://www.elespectador.com/noticias/bogota/articulo-385200-distrito-advierte-casas-gratis-presentadasel-gobierno-son-muy-p
[3]    Hinkelammert, F. (2009) Economía, Sociedad y Vida Humana: preludio a una segunda critica de la economía política. 1ra Edición. Buenos Aires, Editorial Altamira. Para este artículo hago referencia específicamente al capítulo 1: La opción por la vida (apuntes para una ética del Sujeto desde la perspectiva de una Economía para la vida) pp.25-36

jueves, 20 de septiembre de 2007

CONSIDERACIONES ACERCA DE UNA NUEVA PAUTA DE SEGREGACION SOCIOESPACIAL EN BOGOTA, A TRAVES DE UN ANÁLISIS DE CASO: LA IRRUPCION DE UNIDADES DE CLASE MEDIA EN AREAS DE OCUPACION POPULAR.
Hernando Sáenz Acosta[1]
hernandosaenz@gmail.com


INTRODUCCION

Este documento tiene por objetivo presentar un análisis de la evolución del esquema de segregación socioespacial en la ciudad de Bogotá. En particular, pretende examinar la hipótesis de una transición hacia un nuevo esquema, caracterizado, entre otros aspectos por la localización residencial de grupos de ingresos medios en zonas de residencia tradicionalmente populares. Si bien se requiere de investigaciones más amplias y sistemáticas, presentamos inicialmente los resultados de un análisis de caso, realizado en 2003, en el sector popular de Patio Bonito, que se encuentra ubicado al suroccidente de la ciudad: Se seleccionó una zona cuyas características micro-espaciales eran muy particulares, pues se encontraban en proximidad física tres barrios cuyas respectivas formas de producción de espacio construido eran diferentes, pero que habían surgido en la década de los años noventa en el proceso de expansión de Bogotá. En primer lugar se tiene el barrio Unir I, proyecto basado en operaciones de autoconstrucción y autogestión liderados por un urbanizador informal; en segundo lugar el proyecto Riberas de Occidente de tipo estatal -dirigido a empleados distritales- y en tercer lugar el conjunto de multifamiliares Gerona del Tintal, de carácter privado formal, que tiene una modalidad de vivienda tipo propiedad horizontal.

La hipótesis planteada en la investigación, planteaba una fuerte correlación entre forma de producción de espacio construido y grupo social residente. Así pues se esperaba encontrar coexistiendo tres grupos sociales claramente diferenciados en esta zona, y un esquema de segregación socioespacial más fuerte dada la proximidad física entre ellos. Entre las distintas herramientas metodológicas empleadas para realizar la caracterización de los grupos sociales se empleó en primer lugar la reconstrucción de los procesos de generación de los tres asentamientos y en segundo lugar la realización de una encuesta sobre prácticas espaciales y movilidad urbana. En la primera parte presentamos una síntesis sobre los aspectos teóricos de la Segregación Socioespacial y en la segunda presentamos algunos resultados de la investigación que se encadenan con la última parte donde se presentan unas conclusiones preliminares.

LA SEGREGACION SOCIOESPACIAL
EN LAS CIUDADES LATINOAMERICAS.[2]

El fenómeno de la segregación socioespacial no es particular de las ciudades latinoamericanas, tanto las ciudades europeas como norteamericanas se caracterizan por esquemas de segregación que a menudo se basan en diferencias de tipo étnico y racial, que han consolidado la imagen del Ghetto, del conjunto cerrado y de los centros comerciales. En Latinoamérica también podemos observar hoy en día estas expresiones de la segregación socioespacial, pero su intensidad y dinámica parecen imprimirle un sello especial a este proceso en nuestra región.

La intensidad del proceso de segregación en nuestras ciudades se evidencia por una acentuada homogeneidad interna entre los habitantes de una unidad espacial (barrio) y una aguda heterogeneidad externa respecto de otras unidades. Esta imagen sería resultante de un proceso mucho más estructural propio de la inserción del capitalismo en nuestra región y de su insuficiencia para incluir vastos sectores de la población que son consideradas como marginales, subnormales o informales. Esta situación afecta tres aspectos determinantes a la hora de comprender la Segregación socioespacial: El desarrollo de procesos de producción y reproducción del espacio –diferentes para cada grupo social-; los distintos niveles en el equipamiento y suministro de los valores de uso colectivos y en tercer lugar la generación de lógicas espaciales bien diferenciadas.

Se habla entonces de una imagen dual urbana: Mientras zonas enteras corresponden y pertenecen a grupos de altos ingresos con un alto valor simbólico y de prestigio social, los espacios ocupados por los grupos de menores ingresos se estigmatizan asociándolos casi siempre con inseguridad e insuficiencia en materia urbanística.
La peculiaridad del modelo de segregación en Latinoamérica frente a los modelos tradicionales teóricos, se explica entre otros factores por la trayectoria histórica de los procesos de poblamiento en la región. Un pasado marcado por la lógica fundacional hispánica de los centros urbanos y por el impacto que tuvo sobre ellas la inserción de la región en el esquema de comercio internacional que muchos investigadores resumen como de tipo dependentista. Más que la raza o la religión, la categoría que define la segregación socioespacial en muchas ciudades latinoamericanas en la del nivel de ingresos económicos.

Samuel Jaramillo resume la evolución del esquema de segregación socioespacial latinoamericano en dos momentos específicos y plantea la emergencia de una tercera etapa. Inicialmente en el periodo colonial, las ciudades latinoamericanas presentaban una disposición urbana que giraba alrededor de un centro (a menudo la plaza mayor), el cual reunía toda la importancia política, militar y religiosa. Son ciudades de pequeñas dimensiones donde predomina la diferenciación de tipo estamental, haciendo de la segregación socioespacial un fenómeno incipiente ya que a pesar de la fuerte diferenciación se presentan cohabitaciones muy cercanas entre distintos estamentos, incluso en las mismas viviendas.

Con la inserción en el comercio internacional, las ciudades latinoamericanas comenzarán a experimentar fuertes procesos de expansión y un reacomodo de los grupos sociales en el espacio: las elites comienzan a abandonar las localizaciones residenciales del centro y emigran en una dirección específica y única hacia la periferia en una dinámica de tipo iterativa que inicia con el desplazamiento residencial pero que se va consolidando en la medida en que atraen sobre ellos, otras actividades de tipo comercial e institucional, incidiendo en el papel que traía el centro tradicional de la ciudad. El surgimiento de una clase media tendrá también un correlato espacial puesto que estos grupos buscarán la proximidad física de las elites, ocupando los espacios dejados por éstas y de manera más bien excepcional ocupando algún frente de expansión de manera autónoma. Los sectores de más bajos ingresos por su parte ocuparan los espacios residuales, bajo procesos de acceso al suelo y la vivienda particulares: Urbanizaciones piratas, invasiones en el primer caso y vivienda autoconstruida en el segundo caso. Este esquema se denomina de fuerte macrosegregación.
La emergencia de una nueva etapa, está sustentada por la aparición de procesos de ocupación que se salen de ese marco de segregación macro: En primer lugar se observan movimientos de retorno de los hogares de mayores ingresos a localizaciones más centrales, atenuando la periferización iterativa antes descrita. Esta “reocupación” no obstante se caracteriza por unos mayores niveles de densidad poblacional, por unos desplazamientos laborales a centros diferentes al tradicional y por una demolición de un stock inmobiliario de baja densidad pero a menudo de alto valor arquitectónico.

En segundo lugar, el centro tradicional de la ciudad experimenta transformaciones en cuanto el tipo de población que hace uso de él. Se señala en particular su uso monoclasista por parte de grupos populares e incluso su deterioro por la presencia de zonas deterioradas, inseguras, quedando como única opción fuertes operaciones de renovación urbana, que mantengan a salvo la importancia simbólica de éstas.

En tercer y último lugar, comienzan a proliferar desarrollos de vivienda para grupos de ingresos medios en zonas tradicionalmente populares. Este proceso, debe observarse a la luz de la consolidación de un sector privado promotor y productor de vivienda. Dicha consolidación les permite incidir en el esquema de segregación socioespacial, puesto que ante una progresiva disminución de suelo para los proyectos dirigidos a los grupos de clase media en los frentes tradicionales, se comienza a colonizar terrenos que en otro momento no hubiesen sido susceptibles de urbanización por su localización en zonas populares, pero que ahora son atractivos por su cercanía a los centros de primer orden urbano. El gancho para atraer a esta clase media estriba en la oferta de mecanismos que garantizan la “seguridad y bienestar” de los residentes: Es el conjunto cerrado, con vigilancia particular y zonas comunes que satisfacen las necesidades colectivas de esta población sin hacer uso de los espacios externos asociados como inseguros. Se da pues, un proceso de residencia en los espacios populares sin experimentarse contacto alguno con ellos. Es por tanto una microsegregación cuya escala puede ser incluso mucho más aguda que la observada en la etapa anterior.

LA SEGREGACION SOCIOESPACIAL EN BOGOTÁ:

A continuación presentamos un rápido esbozo de la evolución de la segregación socioespacial en Bogotá teniendo como referente lo expuesto en el apartado anterior.

2. 1. La ciudad estamental y proto-capitalista (primer momento):

Hasta 1930, Bogotá se caracterizó por sus pequeñas dimensiones, heredando un patrón urbano hispánico, donde, la localización con respecto a la Plaza Mayor, asignaba a quienes residían más cerca de ella, el mayor prestigio. La presencia de la Sabana de Bogotá, ofrecía la posibilidad de una expansión sin límites, pero más que esto, su importancia radicaba como despensa en el suministro y abasto de la ciudad.

El orden social de la ciudad en la época colonial, basada en diferencias de tipo estamental, hacia de la segregación socioespacial un fenómeno parcial en la identificación de los grupos sociales. Prueba de ello es la cohabitación en las mismas viviendas de los encomenderos y españoles prestantes, de una población servil (indígena), mientras que la periferia de la ciudad, albergaba los arrabales compuestos de población indígena y mestiza. Durante el periodo republicano, Bogotá experimenta un proceso de compactación y densificación, sin mayores expansiones sobre la sabana lo cual hace que ésta mantenga aún una impresión de villa o pueblo. No obstante, ya comienzan a generarse nuevas expectativas derivadas de la necesidad de inserción en la economía mundial y por ende de adaptación a un patrón librecambista.[3]

2. 2. Segundo momento: Intensificación de la segregación socioespacial (Hacia la Macrosegregación).[4]

En la década de los años 30, Bogotá comienza a vivir paulatinos procesos de expansión y compactación de su estructura urbana. Su consolidación como el más importante centro regional y nacional, sumado a los procesos de violencia en los campos y el flujo migratorio por los procesos de industrialización explica en buena medida su crecimiento demográfico. A nivel espacial, la diferenciación estamental pierde paulatinamente su papel y la localización de acuerdo al nivel de ingresos en determinadas zonas de la ciudad va definiendo el esquema de macrosegregación.
Las elites en particular, comienzan su desplazamiento hacia el nororiente, siguiendo la Calle Real o actual carrera séptima: En un primer momento fue el sector de Chapinero, pero luego continuó dejando tras de sí zonas como el Chico, La Castellana, Santa Bárbara, etc., hasta la actualidad donde se observan localizaciones en municipios como Cota y Chía bajo modalidades de vivienda de baja densidad y con un componente de ruralidad altamente valorado. La evolución en cuanto formas de producción de espacio construido va desde una llamada producción por encargo donde la vivienda es un bien individualizado y dejado en manos de arquitectos específicos hasta formas capitalistas estandarizadas pero que tienen como atractivo la estética y promoción de un estilo de vida moderno (anonimato, prestigio social, tranquilidad y seguridad), ejemplificado en la proliferación de conjuntos cerrados y centros comerciales de uso exclusivo por grupos de altos ingresos.

Con el surgimiento de una clase media se puede hablar de un periodo de consolidación progresiva de las formas de producción capitalistas. Si bien en un primer momento es este sector el primer demandante de apartamentos en alquiler en el centro de la ciudad, tendrá la posibilidad gracias a los mecanismos de subsidio de vivienda tipo UPAC[5] de ir accediendo a estas como propietarios. Este sector además será demandante de formas estatales de producción de vivienda hasta los años noventa cuando se modifica el papel estatal en esta materia. En cuanto a su localización, predominaron aquellas próximas a las zonas de residencia de las elites, aun cuando surgió un frente de expansión autónomo hacia el occidente de la ciudad, cuyo máximo ejemplo hoy en día, es el sector de Ciudad Salitre.

En cuanto a los grupos populares, su localización inicial en los años 30 se genera sin una orientación definida pero desconectada del tejido urbano, con serias dificultades en la provisión de servicios públicos y apelando a dinámicas de acción colectiva y pautas culturales rurales para satisfacerlas. Con el transcurso de las décadas y la consolidación del esquema macro, estos sectores ocuparan los frentes de expansión del sur llegando en la actualidad a conectarse físicamente con el municipio de Soacha. Esta población ha permanecido excluida de los procesos de acceso al suelo y vivienda inspirados en la lógica estatal y de mercado regulado, predominando en contraparte los procesos de autoconstrucción de vivienda y el acceso al suelo a partir de las llamadas Urbanizaciones Piratas que son transacciones de suelo legales pero que adolecen de las labores previas de urbanización del terreno señaladas en la normatividad urbanística y/ o por su localización en zonas de riesgo. El predominio de estas formas frente a procesos como las invasiones tiene para Bogotá, una posible explicación en virtud del mismo esquema de segregación objeto de análisis: Dado un reconocimiento de ésta entre los propietarios de terrenos ubicados hacia el sur, las expectativas sobre los grupos que los usarán, genera como respuesta ante una amenaza de invasión técnicas de loteo sin mejoras y ventas a grupos populares, permitiendo no solo beneficios de tipo económico al urbanizador (omisión de los costos de urbanización) sino también de tipo político (explotación de redes clientelistas). En cuanto a los grupos populares, las labores de consolidación física de los barrios por parte de los programas de mejoramiento les proporcionará mayores beneficios pero a sí mismo una creciente amenaza por dicha valorización y por la aplicación de una normatividad urbanística caracterizada por ignorar la significación que tiene la vivienda para estos sectores como fuente generadora de ingresos, además de lugar de residencia que genera identidad.[6]

Así pues, en los años setenta Bogotá es claramente una ciudad segregada: hacia el norte residen los grupos de mayores ingresos mientras que hacia el sur residen los grupos de bajos ingresos, generando una imagen de norte-rico, sur-pobre, que vive en el imaginario de buena parte de la población.

2.3. Los indicios de un nuevo esquema de segregación socioespacial en Bogotá.

Como se ya mencionó de manera general para el caso latinoamericano, en Bogotá comienzan también a observarse procesos de localización de los hogares que no están asociados con el esquema tradicional de segregación macro. A partir de los años ochenta, comienzan a retornar hogares de ingresos altos hacia localizaciones más centrales: En un primer momento al sector de las Torres del parque, con un marcado tinte cultural, pero luego obedeciendo al factor trabajo y su cercanía a la residencia como en el caso del barrio Rosales y el centro financiero de la calle 72. El proceso de periferización continúa como ya hemos dicho hacia municipios como Chía o Cota donde la vivienda en baja densidad y con un alto valor paisajístico se complementa por la creación de centros experimentales de cultura y un parcial desarrollo de relaciones con la población tradicional de estos municipios.[7]

En cuanto al papel del centro tradicional de la ciudad, continua la discusión acerca de su recuperación como espacio de convergencia de los distintos grupos sociales. Si bien se han tratado de realizar obras de renovación urbana, existen discrepancias acerca de la necesidad de crear además de espacio público, proyectos de vivienda que sean atractivas para el regreso de sectores de mayores ingresos y de esa manera frenar la progresiva especialización de este espacio como zona de uso popular, con los riesgos sobre el centro histórico que tiene un alto valor patrimonial y arquitectónico.

En tercer y último lugar la localización de hogares de ingresos medios en zonas populares esta convirtiendo el paisaje urbano en una espacio caracterizado por la proliferación de conjuntos cerrados. Esta práctica que inició entre los sectores de mayores ingresos se está popularizando al grado que los proyectos de VIS también retoman estos elementos, generando a nivel general un sin numero de asentamientos que se encuentran desconectados a pesar de estar contiguos. Esta microsegregación sin embargo puede generar relaciones positivas en primer lugar porque valoriza zonas antes deprimidas dotándolas de mayor y mejor infraestructura, así como por la provisión de bienes y servicios de un grupo al otro. El siguiente análisis de caso tenía por objetivo verificar la existencia de distintos grupos sociales partiendo de la diferencia en cuanto proceso de producción de espacio construido: Autoconstrucción, vivienda estatal y vivienda capitalista.

ESTUDIO DE CASO.

Patio Bonito. Sector Popular de Bogotá.[8]

En los años setenta y paralelo a la construcción de la Central de Abastos de Bogotá (Corabastos), surge al suroccidente de la ciudad el sector de Patio Bonito. Las ventajas de localización laboral de una población en su mayoría de origen rural, empleada en la plaza, deviene en la ocupación de terrenos con un carácter inundable, cercanos al río Bogotá, no aptos para el uso de la vivienda. La escasa planeación a la hora de urbanizar, en esas características del terreno, provoca la inundación en el año de 1979 de este sector. No obstante, lejos de aminorarse, el sector continuó creciendo y consolidándose, a pesar de su asociación como espacio “marginal”, contrastando con el sector de Ciudad Kennedy, de origen estatal y privada, donde residen grupos de ingresos medios. Las mejoras de los barrios internamente y su conexión con el resto de la ciudad (vías, servicios básicos, etc.), lograda a través de la presión de las juntas de acción comunales, ha servido de experiencia en los procesos más recientes -años 90-, en especial aquellos ubicados en el sector llamado “Tintal Central”, que alcanza la misma ribera del río Bogotá. Sin embargo aún queda un frente de expansión potencial en la localidad el cual viene siendo apropiado por firmas capitalistas de promoción y producción de vivienda. Si a ello se suman las trasformaciones e inversiones en equipamientos dotacionales como Bibliotecas, centros de servicios estatales, Transmilenio, etc., se puede entender el cambio de percepción acerca de las ventajas de localización que se ofrecen incluso para grupos de ingresos medios.

3.2. Barrios de estudio: Unir I, Riberas de Occidente y Gerona del Tintal.

Un primer elemento que une las tres historias es el momento de urbanización que se da en los años noventa en la estancia llamada Pantanos de Holguín. Ubicada al extremo occidental del sector de Patio Bonito. Unir I es un desarrollo promovido por el señor Mariano Porras quién llegó a ser concejal de la ciudad. Gran parte del apoyo obtenido fue por medio de procesos llamados de autoconstrucción y autogestión comunitaria que no estaban atados a los mecanismos tradicionales de financiamiento (UPAC o UVR). Sin embargo la firma creada por él llamada VISOCOL fue demandada por varios residentes del proyecto que se quejaban de no haber recibido la vivienda prometida. El proyecto de 793 soluciones de vivienda contemplaba el pago de cuotas monetarias o en horas trabajo, que se obtenían por la participación en bazares, en la autoconstrucción o a través de la venta de boletas para las rifas.

Al momento de realizar la investigación el barrio había obtenido mejoras en infraestructura no sólo a través de la gestión del comité pro-obras del barrio sino por parte de la Junta de Acción Comunal. Existen pues, dos organizaciones que se diferencian por cuanto la primera apoya al urbanizador, mientras que en la segunda se agrupan quienes están gestionando la demanda en su contra. Lastimosamente esta des-unión en Unir ha llevado a ineficiencias en las labores comunitarias que beneficien a la misma comunidad, minando valores de solidaridad e identidad en el barrio.

La Urbanización Riberas de Occidente, es un desarrollo estatal, dirigido a los empleados distritales. Si bien para algunos de ellos permitió satisfacer la necesidad de vivienda para otros sólo fue una oportunidad de inversión en finca raíz. Así pues, muchos hogares han preferido mercantilizar estas viviendas que consideran inadecuadas no solo por sus características sino por la localización en una zona popular, cuyo principal sinónimo es la inseguridad. Así pues, predomina una alta participación de hogares arrendatarios frente al grupo originario al cual estaba destinado el proyecto. Éste era desarrollado por FAVIDI y la constructora GOMEGA, pero fracasó dejando un stock inmobiliario sin terminar, susceptible de ser ocupado por delincuentes y/ o habitantes de calle, aumentando aún más la sensación de inseguridad y la amenaza de desvalorización del patrimonio habitacional.

En cuanto a la organización comunitaria, existen las juntas administradoras, que tiene una trayectoria significativa por cuanto lideraron los procesos de demanda por mejores condiciones de habitabilidad frente a la constructora, así como por las labores de embellecimiento posteriores y la búsqueda de retención de los residentes originarios. Si bien se pensó en el encerramiento a manera de conjunto cerrado ha sido muy difícil hacerlo por los costos que implica y aún más allá por una apatía generalizada que atribuyen como rasgo particular de una población inquilina que no tiene pertenencia por la urbanización.

Los multifamiliares Gerona del Tintal, desarrollados por una entidad promotora privada, también fracasa por cuanto no se logra vender la gran mayoría de apartamentos que estaban indicados en la licencia de construcción. En ésta además, se puede apreciar la totalidad del proyecto que descansaba en la figura del conjunto cerrado, zonas comunes y facilidades de acceso a formas de financiamiento como el subsidio. Dada esta situación interviene la fiduciaria y se genera así como en Riberas todo un proceso de demanda y exigencia para dotar a los hogares residentes de los servicios básicos. En el momento de la investigación se podía apreciar un stock sin terminar, que resaltaba dentro de la zona por cuanto era el único proyecto de edificios en una zona donde predominaba la vivienda tipo casa.

3.3. Sondeo a las prácticas socioespaciales.

3.3.1. El perfil socioeconómico de los hogares residentes en los barrios de estudio.

Uno de los resultados más importantes de la investigación fue encontrar una cierta homogeneidad en el perfil de los hogares residentes en los tres barrios: Los niveles de ingreso de los hogares, el gasto en vivienda (alquiler o amortización), la composición etárea, la caracterización laboral e incluso el medio de transporte son muy similares para los tres barrios. Si bien se encuentra cierta población diferenciada habitando en los barrios formales (Riberas y Gerona), se puede advertir en general, que la población predominante en los tres barrios es popular.

Esta homogeneidad es más apreciada entre los dos proyectos de vivienda tipo casa (Unir y Riberas), pues el uso que se da a la vivienda como fuente generadora de ingresos y lugar de residencia, clásico por la existencia de tiendas y negocios en los barrios populares, se observa en el barrio estatal. Así pues, un hogar que vive en Unir, perfectamente podría vivir también en Riberas y viceversa. Frente a los multifamiliares, no solo hay diferencia por el tipo de vivienda apartamento sino por la existencia de un manual de convivencia que a pesar de todo busca generar unas reglas de conducta acorde con las de los conjuntos cerrados propios de sectores de ingresos medios y altos.

En cuanto a la densidad poblacional de los barrios en Unir, habitan más de dos hogares por vivienda mientras que en Riberas y Gerona predomina la vivienda unifamiliar. Debe tenerse en cuenta que las viviendas de Unir son más grandes y que existe la práctica del alquiler caracterizada por la cohabitación con el propietario y el uso compartido de espacios de la vivienda. Si bien en Riberas hay un sector arrendatario este lo hace de manera independiente lo cual es señalado como algo positivo.

La movilidad en este sector es dependiente de las ofertas de rutas y horarios de éstas, por parte de las empresas de buses. No existe un uso masivo de vehículos particulares en el barrio estatal ni en el privado. Muchos de los servicios demandados por esta población terminan siendo satisfechos en los barrios ubicados en el entorno en particular Unir y el sector de Patio Bonito. Riberas de Occidente es del conjunto de barrios analizados, aquél que presenta una mayor desconcentración no sólo por las trayectorias residenciales de sus habitantes sino por sus expectativas, hecho que se puede comprender dada la presencia del gremio de empleados distritales que aceptaron llegar a vivir en esta urbanización.

Entre los aspectos positivos que tiene la localización están la oferta de bienes y servicios a bajos precios, la posesión de vivienda en propiedad. Entre los retos más difíciles están la adaptación al lugar –identificado como peligroso o desconocido-, en particular por el mantenimiento una situación de precariedad por las ineficiencias en el mantenimiento vial y condiciones sanitarias, así como por la canalización de un caño contiguo a los barrios.
Por último la relación vivienda lugar de estudio, muestra trayectorias circunscritas al entorno donde esta la oferta de espacios educativos de primaria y secundaria. La relación vivienda lugar de trabajo si marca algunas diferencias pues mientras en Unir se observa la importancia de zonas de tipo industrial (ubicadas en la periferia del centro tradicional) entre los habitantes del barrio estatal está se desconcentra hacia zonas incluso muy cercanas a éste (maestros empleados en centros educativos de la zona o el sector). En Gerona se observó desplazamientos hacia localizaciones que corresponden tanto a centros tradicionales como de tipo popular.

3.3.2. Trayectorias espaciales.

En la aplicación de encuestas a los residentes se indagó no solo por sus trayectorias residenciales sino también espaciales. Se averiguó el uso de espacios específicos para el desarrollo de las siguientes actividades: hacer mercado, hacer deporte, actividades religiosas, de tipo bancario, asistir a espectáculos, ir a cine, ir de rumba, salir a comer, compra de vestuario y visita a parientes. Se esperaban mapas diferenciados por barrio en virtud de la hipótesis de grupos sociales diferenciados tanto por el tipo de vivienda habitada como por sus prácticas socioespaciales. Sin embargo se volvió a encontrar una relativa homogeneidad, predominando espacios localizados muy cerca del lugar de residencia. Dada la practica de uso mixto de la vivienda existe una oferta de bienes y servicios que ya pueden ser demandados y satisfechos en Unir y Riberas, atrayendo incluso a población de Gerona quienes al vivir en apartamento y carecer de zonas comunes al interior del conjunto, no encuentran problema en buscarlos allí.
El sector de Patio Bonito, Corabastos y más allá el sector de Ciudad Kennedy continúa en orden de importancia, para el desarrollo de varias de las actividades analizadas, señalando como aspecto clave el hecho que la vivienda es más que un lugar de dormitorio y sin conexión con el entorno.

La importancia de los centros comerciales ubicados en la misma zona es relativa, de una parte se encuentra Plaza de las Américas, lugar donde se va de vez de cuando a ver cine (actividad con muy bajos niveles de realización en el conjunto de los barrios), así como la frecuentación de bares y tabernas contiguas (desarrollada por la población de los barrios de tipo formal). El Éxito de las Américas es espacio utilizado por la población de los multifamiliares, pero tanto hacia este como hacia el primero, los desplazamientos de la población del barrio popular indican que no existe una exclusividad en el uso de estos espacios.

Encadenada a las trayectorias residenciales, la actividad de visita a familiares confirma que la población de Riberas de Occidente presenta un patrón de mayor desconcentración
A diferencia de Unir o Gerona donde la localización de los familiares señalaba también antiguos lugares de residencia y por tanto la importancia de éstas redes a la hora de tomar una decisión residencial.

3.3.3. Grados de conocimiento y frecuentación.

A partir de los resultados sobre frecuentación de un conjunto de lugares de la ciudad, se observó que no existía una clara diferenciación de acuerdo a grupo residente: Es el caso de zonas comerciales populares (San Victorino o San Andresito) y de centros comerciales de la misma zona (Plaza de las Américas, Éxito). Frente a aquellos centros comerciales localizados en otras zonas de la ciudad se encontró que su mayor frecuentación se daba por habitantes residentes en el barrio estatal.

Zonas cuya denominación es muy genérica pues albergan varios barrios, como Fontibón (Occidente); Bosa (Suroccidente) y Suba (Noroccidente) no parecen dar pistas de especializaciones en cuanto trayectorias espaciales. Más bien darían para pensar en una diferenciación de estas trayectorias en razón de la homogeneidad geográfica de la zona que se diferencia del costado oriental donde se encuentran los cerros y la parte montañosa más importante de la ciudad. Seria interesante examinar si se superponen a los sistemas residenciales la relación geográfica de la ciudad: Sabana (topología plana) / cerros orientales (topología inclinada).

Ahora bien, tampoco hay claridad acerca de las trayectorias al observar homogeneidad en el grado de frecuentación y conocimiento de barrios populares por los residentes de los tres barrios, confirmando una escasa especialización en trayectorias. Finalmente, la frecuentación de espacios como el centro tradicional es superior para los habitantes de Gerona del Tintal (centro histórico, Plaza de Bolívar y Avenida Jiménez con séptima). La población de Riberas y Unir por su parte, muestran frecuentaciones parecidas tanto a la Iglesia del 20 de Julio (espacio popular) y al Parque Metropolitano Simón Bolívar (localizados muy cerca de las instalaciones deportivas de la caja de compensación familiar, a la cual están afiliados los empleados distritales que residen en Riberas). Por último recalcamos la frecuentación de parte de la población de Unir hacia espacios tan alejados como la Avenida 19 con 116, donde se ubica un conjunto de establecimientos comerciales dirigidos a grupos de altos ingresos, la explicación de estas frecuentaciones descansa en motivos laborales.

CONCLUSIONES.

La clásica asociación entre formas de producción de la vivienda y grupos sociales se relativiza a la luz de los resultados obtenidos en nuestra investigación, mostrando la complejidad que representa el abordaje hacia este tema. La poca presencia de población de ingresos medios en el conjunto de los tres barrios, contrasta con la perfecta movilidad entre habitantes de Unir y Riberas sobre todo, y distanciado un poco de Gerona.

Los indicios de posible explicación radican en la dinámica que adquiere el mercado de arrendamiento, que permite a hogares de bajos ingresos acceder a modalidades de vivienda formal. Esta vivienda sin embargo pasa a ser expresión de la cultura o forma como se apropia el territorio bajo la lógica popular (uso mixto) y de manera muy tenue logra imponer en el sector otro tipo de dinámicas, más acordes a la forma de ocupación tradicional de los sectores de ingresos medios y altos en Bogotá. Para complejizar más aún el escenario existiría un conjunto de hogares con ingresos medios que sin embargo preferiría la vivienda autoconstruida dado los atributos de tamaño (que permite potenciar más la cohabitación de varios hogares en una misma vivienda), uso mixto (vivienda como fuente generado de ingresos), facilidades de pago y la expectativa de valorización entre cuyo aspecto paradójicamente juega mucho la localización de proyectos de vivienda formales y las ventajas de localización con el paso del tiempo. Antes que la forma de producción, tiene mayor peso la forma espacial de la vivienda.

Así pues, no se encuentran evidencias para afirmar que las diferencias en las formas de producción, respondan a la cohabitación de grupos sociales heterogéneos, en nuestro caso. Se daría más bien, una innovación sustancial en el modo de segregación como un todo, centrada en un aspecto: La penetración de modalidades formales de producción de vivienda en grupos populares y en sus lugares tradicionales de localización. El impacto sobre las prácticas socioespaciales se concentra en aspectos de menor escala, ligadas a las características de los conjuntos habitacionales y en particular la modalidad de vivienda multifamiliar frente a casas unifamiliares.


BIBLIOGRAFIA

Dureau Francoise y Lulle Thierry. Movilidad espacial y transformaciones territoriales en Bogotá. Documento CEDE 99-11 de Agosto de 1999.

Jaramillo, Samuel. El papel del mercado del suelo en la configuración de algunos rasgos espaciales en las ciudades latinoamericanas en Revista Territorios: Número 10, 1998. CIDER Uniandes.

Jaramillo, Samuel. Producción de vivienda y capitalismo dependiente. El caso de Bogotá. Ed. Dintel. 1980.

Jaramillo, Samuel. La estructura urbana y la vivienda en Bogotá. En: Vivir en Bogotá. Foro Nacional por la Paz. Bogotá 1990.

Jaramillo, Samuel. El destino del centro de Bogotrá. En: Revista Desarrollo y Sociedad. Número 10, 1983. Uniandes.

Mejía Pavony, Germán. Loa años del cambio: 1820-1910. 1999. CEJA.

Torres Carrillo, Alfonso. La ciudad a la sombra. Barrios y luchas populares en Bogotá 1950-1977.

Vargas, Lesmes Julián. La sociedad de Santa fe Colonial. 1990. CINEP.

[1] Ponencia presentada en el IV seminario de investigación urbano-regional ACIUR “Derecho a la ciudad” los días 30, 31 de Octubre y 1 de Noviembre de 2003, y realizado en la Universidad Externado de Colombia. Esta ponencia esta basada en la tesis realizada por el autor para optar por el título de Economista en la Universidad Nacional de Colombia, sede Bogotá. Se permite su libre reproducción citando la fuente.
[2] Jaramillo, Samuel. El papel del mercado del suelo en la configuración de algunos rasgos espaciales en las ciudades latinoamericanas. En: Revista Territorios # 10. 1998. CIDER- UNIANDES.
[3] Para una revisión detallada sobre la evolución urbana de la ciudad en la época colonial ver Vargas Lesmes Julián, La sociedad de Santa fe colonial. CINEP. 1990. Para el periodo republicano, respectivamente: Mejía Pavony Germán, Los años del cambio: 1820-1910. CEJA. 1999.
[4] Pare efectos de brevedad, hacemos un repaso general a este segundo momento. Sin embargo, se advierte que entre 1930 y 1950, la segregación socioespacial es apenas incipiente en cuanta especialización en las localizaciones residenciales. Desde 1950 aproximadamente hasta los años setentas, se observa la profundización de este fenómeno en Bogotá. Para una revisión de esta evolución urbana, véase: Jaramillo Samuel. Producción de Vivienda y Capitalismo dependiente. El Caso de Bogotá. Ed. Dintel. 1980 y del mismo autor: La estructura urbana y la vivienda en Bogotá. En Vivir en Bogotá: Foro Nacional por la Paz. Bogotá. 1990.
[5] Unidad de Poder Adquisitivo Constante. Es una forma de capitalización de los ahorros promovida en los años 70 para facilitar el acceso a vivienda. El UVR es en términos generales un prolongación de esta lógica. La intervención estatal en materia de vivienda estaba en manos del BCH (Banco Central Hipotecario) y del ICT (Instituto de Crédito Territorial) si bien el segundo tenía como población objetivo los sectores de ingresos bajos, estos han estado estructuralmente excluidos de todos los programas de vivienda, incluido el actual sistema de Vivienda de Interés Social VIS.
[6] Torres, Carrillo Alfonso. La ciudad a la sombra. Barrios y luchas populares en Bogotá 1950-1977. Ed. CINEP, 1993.
[7] Dureau Francoise y Lulle Thierry. Movilidad espacial y transformaciones territoriales en Bogotá. Documento CEDE 99-11 de Agosto de 1999.
[8] Tanto la recopilación del origen y desarrollo de Patio Bonito, como de los barrios de estudio (Unir I, Riberas de Occidente y Gerona del Tintal), comprenden desde historias barriales que se encuentran en el departamento administrativo de acción comunal, hasta entrevistas realizadas a habitantes de los barrios.

domingo, 20 de mayo de 2007

¿El concepto de mercado informal es suficiente para dar cuenta de los procesos de urbanización por parte de los pobres en América Latina?[1]

Hernando Sáenz Acosta[2]

En primer lugar debo aclarar al lector, que este documento no tiene un carácter científico, por el contrario solo constituye un conjunto de reflexiones que surgen a partir del quehacer investigativo del autor, referidas sobretodo a los procesos urbanos –acceso al suelo y vivienda por parte de los pobres- que son analizados tradicionalmente bajo la dicotomía formal/ informal. El siguiente documento tiene por objetivo, evidenciar de manera parcial la insuficiencia del concepto por cuanto responde a una tipología dualista que es excluyente y en segundo lugar intentar plantear de manera tentativa algunas consideraciones de esquemas propios del pensamiento complejo que trascienden esa dualidad y que podrían convertirse en un futuro marco de referencia para nuevas investigaciones en esta área.

Una dualidad excluyente:

El concepto de informalidad es heredero del concepto marginal, utilizado por varios investigadores sociales latinoamericanos, para dar cuenta de las prácticas sociales, económicas, culturales, etc, implementadas generalmente, por los grupos de menores ingresos, las cuales, no se corresponden, con aquellas identificadas como propias de una sociedad moderna,[3] razón por la cual, se identifican como conductas tradicionalistas o premodernas que sobreviven debido al fracaso de los modelos de desarrollo económico en la región: Por ejemplo, en el caso de procesos como la urbanización y la industrialización, ciudades como Bogotá se alejaron bastante del prototipo europeo occidental, por cuanto nunca hubo una total proletarización de la mano de obra y mucho menos hubo una consolidación de un Estado-nación fuerte que lograse intervenir en la lógica del mercado de suelo y vivienda, que contribuyese a garantizar las condiciones necesarias para la reproducción de la fuerza de trabajo.
Sin embargo, la población de bajos ingresos lejos de ser un sujeto estático, modifica sus conductas, construye su propia racionalidad y la materializa en la forma de construir ciudad. Es decir, que más que ubicarse al margen o ser informal, empieza a establecer sus propios arreglos institucionales, los cuales son legitimados independiente de que sean legales o no y mezcla aquellos opuestos aparentemente irreconciliables (formal/ informal). Un concepto de informalidad atado simplemente a la existencia de títulos de propiedad o no de un lote o vivienda, desconoce la complejidad de dichos arreglos institucionales y por ende las conclusiones a las que llega son las mismas de siempre: La necesidad de formalizar las conductas de los pobres, para que estos salgan de su situación de pobreza, porque el concepto informal se asocia con ilegal y se estigmatiza de entrada, impidiendo analizar los aspectos positivos que subyacen en estas dinámicas.

En el caso de los procesos de acceso al suelo y la vivienda por parte de los pobres, ha sido recurrente en las últimas cuatro o cinco décadas las descripciones estigmatizadoras de la manera como ellos construyen su espacio, aunque existen excepciones, cualquier discurso que pretenda reconocer las ventajas de estos procesos de urbanización no deja de ser identificado como populismo (tanto en la versión de izquierda como en la versión neoliberal, ésta última presente en autores como Hernando De Soto). Que dicho populismo haya servido para consolidar económica y políticamente a los urbanizadores piratas y que estos tengan influencia en los cuerpos legislativos de la ciudad, ya debería demostrarle al Estado, cuan grave ha sido el error de continuar utilizando un esquema dualista y excluyente a la hora de proponer soluciones que mejoren la calidad de vida de amplios sectores de la población, tradicionalmente sujeta a las opiniones de un planificador, que cree que los pobres no tienen nada que aportar en la construcción de una política pública.

En suma, predomina tanto en el quehacer científico como político una visión dualista y excluyente de nuestra sociedad. Una sociedad compuesta de buenos y malos, donde los últimos se turnan periódicamente: Por un lado los pobres urbanos, que se niegan a respetar unas normas urbanísticas diseñadas para imponer un orden, un deber ser de la ciudad, por otro el Estado que ha impuesto demasiadas trabas para el despliegue del empresario popular y por último el mercado que se dirige únicamente a satisfacer las demandas de los estratos de mayores recursos. Así pues, se continua inmerso en la pendularidad Mercado-Estado, radicalizando los discursos al punto de fomentar la intolerancia e invisibilización de aquellos que son distintos, por cuanto son identificados como amenaza en el proyecto particular de construcción de ciudad.

Más allá de la dualidad:

Pensar los procesos humanos bajo esquemas duales, es una herencia del pensamiento occidental[4]. Trascender hacia esquema triádicos representa un reto para la investigación urbana, pero no es el único planteado por el pensamiento complejo. Al anterior se suma la exigencia de abandonar esquemas antropocéntricos y sustituirlos por esquemas antropológicos, ir más allá de los estudios interdisciplinarios o multidisciplinarios para llegar a propuestas transdisciplinares, diluir la clásica distinción dualista entre ciencias de la naturaleza y ciencias del hombre.

Estos desafíos tienen una implicancia monumental en la manera como hacemos investigación y por supuesto en el diseño de las políticas públicas. El primero de ellos, corresponde a la elaboración de nuevos conceptos que den cuenta de la realidad analizada hasta ahora bajo el concepto informal: Por ahora mencionemos que las acciones humanas y en particular aquellas relacionadas con la vivienda involucran no solo la razón, sino también la tradición y la pasión, estos elementos a su vez determinan la racionalidad de los individuos y le imprime un sello al mercado -el cual se ubica en una zona intermedia entre un extremo que es el mercado solidario y de otro uno capitalista donde prima el interés individual-.

Existe entonces una amplia pluralidad de mercados y no solo un mercado informal, definido a partir de la negación de su contraparte -mercado formal-. Más aún, las diferenciaciones se complejizan al involucrar el aspecto espacio-temporal, recordándole al investigador que la realidad entendida como caos no significa nada más que un orden aún no conciente. A manera de ejemplo, sabemos que en Bogotá han predominado las urbanizaciones piratas, sin embargo este proceso puede diferir de acuerdo a la localización, al tipo de participantes en él y llevar a que pequeñas perturbaciones generen grandes transformaciones en los proceso de ocupación del suelo, sean inducidos desde afuera o generados al interior de un barrio y estos factores van más allá de un título de propiedad. Involucran las relaciones de los habitantes con el medio ambiente que lo rodea, con los habitantes de los barrios circunvecinos, con las instituciones privadas y públicas que satisfacen las necesidades de los residentes de un sector, con los partidos políticos (sean o no iguales a los del urbanizador pirata), involucran además la concreción de modos particulares de vida y no solo aquellos asociados con lo rural sino con las nuevas culturas urbanas, con la generación de identidad a partir de la asociación con un territorio, en proceso inacabado de construcción y de-construcción y que evidencia que estamos ante un proceso dinámico, al cual debe agregarse la subjetividad del investigador y el efecto que genera su intervención en las comunidades no solo por su quehacer científico, sino por las consecuencias que generan las recomendaciones que éste hace en materia de políticas urbanas.

Por ahora y como punto de partida, se puede proponer el concepto de mercados residenciales populares. Es necesario advertir, que el concepto popular también es heredero de la lógica dualista, pese a ello, autores como José Luís Coraggio[5] han planteado un tercer sector económico llamado economía popular urbana, que complemente un sector empresarial capitalista y otro estatal. Su noción de lo popular se caracteriza por ser dinámico y por evidenciar la presencia de un tercer actor como es la sociedad civil que trasciende el clásico péndulo Mercado- Estado. Es bajo esta perspectiva que se ha de entender el concepto alternativo que queremos empezar a construir.

Una propuesta como esta, requiere evidentemente de una apuesta transdisciplinaria, para su descripción y análisis: Ello puede alcanzarse por ejemplo con un esquema de tipo fractal[6] en el cual una supradimensión social subsume las siguientes tres dimensiones: Ambiental, económica y político-ideológica, las cuales subsumen a su vez las subdimensiones de infraestructura reproductiva y productiva, fiscal financiera e institucional-administrativa. Así pues, el tradicional economicismo en las ciencias humanas debe dar paso a un dialogo con otras disciplinas, reconociendo que el conocimiento se genera también a partir de fuentes alternas a la ciencia, como son el arte y la religión. Existen aún muchos investigadores que consideran que su objetividad e imparcialidad se valida a partir del empleo de una determinada metodología, pero hasta esa mínima elección es un acto subjetivo que ya está determinando el tipo de conclusiones y las recomendaciones generadas a partir de su labor. Más que un rechazo a esta forma de hacer ciencia, lo importante es que el investigador sea consciente de su subjetividad y de la manera en que esta incide a la hora de ejercitar su labor y que deje de una buena vez de creerse el único con la verdad revelada y aprenda de los otros, de los cuales, cree que no tiene nada que aprender. No es lo mismo, asignar la categoría informal a un pobre urbano, a que este se identifique como tal.

En fin, la labor del investigador es la de un perpetuo aprender, por eso investiga y pone a prueba sus hipótesis y cuando es necesario cambia de paradigma. El pensamiento complejo pone sobre la mesa las propuestas por un cambio de paradigma y en el caso de las investigaciones urbanas evidencia la necesidad de entender la ciudad como otro ser vivo. Desconocemos hasta donde sea posible hablar de multiplicidad de conceptos de desarrollo, o de una propuesta muy espacializada de desarrollo (no urbana, para evitar la discusión frente a lo regional), pero autores como Izquierdo[7] han planteado enfoques regionales para la alternatividad al desarrollo, donde el aspecto territorial es clave para la elaboración de propuestas diferentes a más mercado o más estado. Precisamente termino estas reflexiones, reseñando que las políticas públicas ya no son competencia exclusiva de unos especialistas en el tema del ordenamiento urbano sino que involucran cada vez más a otros sectores, que exigen su derecho a construir los planes, se espera a futuro que los sectores populares ganen mayor peso, no para aprovecharlos como sujetos revolucionarios o como capitalistas en potencia, sino para que se les reconozca como constructores de su propio destino, aquel que ha venido siendo puesto en marcha desde hace mucho tiempo, al construir ciudad y que constantemente ha sido estigmatizado o romantizado pero nunca respetado frente a los discursos hegemónicos del poder (en todas sus versiones: fuerza, riqueza, conocimiento y conciencia).


[1] Este artículo apareció en la publicación virtual de la Maestría en Gestión Urbana de la Universidad Piloto de Colombia “Papeles de Coyuntura” Número 21 del mes de Agosto de 2006.
[2] Economista de la Universidad Nacional de Colombia y Magíster en Planificación y Administración del Desarrollo Regional del CIDER, Universidad de Los Andes. Investigador del proyecto sobre mercados informales de suelo, vivienda y movilidad urbana en once barrios de Bogotá adelantada desde 2004 por el Lincoln Institute of Land Policy (LILP) y el CIDER Uniandes. Actualmente investigador del proyecto adelantado por el LILP y la Universidad Piloto: Observatorio del mercado informal de suelo en Bogotá.
[3] Mires Fernando. El discurso de la miseria o la crisis de la sociología en América Latina. Ediciones Nueva sociedad. Caracas. Venezuela. 1993. Este autor presenta un análisis riguroso de los debates concernientes a los conceptos marginal e informal, que considero es muy pertinente hoy, cuando vemos un resurgimiento (¿o moda?) de investigaciones sobre los mercados “informales” de suelo y vivienda. Sin embargo, en este artículo solo me refiero al carácter dual del concepto y sugiero al lector la consulta del texto reseñado si desea profundizar más en los criterios bajo los cuales se definió lo formal y su opuesto informal: Versión de la OIT que enfatiza en lo laboral (esfera de la producción), propuestas ubicadas en el ámbito de la reproducción (vivienda), el discurso neoliberal de Hernando de Soto, etc. Otra referencia es Lazarte, Rolando. El sector “informal”: Una revisión conceptual bibliográfica. En: Revista Problemas del desarrollo, Vol. 31 # 121. México IIEc-UNAM, abril-junio 2000 pp. 35-62.
[4] Este pensamiento dual supone que una cosa no puede ser su contrario a la vez, es decir que si algo es informal no puede ser formal a la vez. Por el contrario el pensamiento oriental sí considera esta situación y agrega además la posibilidad de que el todo sea más que la suma de las partes y esté en constante evolución.
[5] Coraggio José Luís. Economía Urbana. La perspectiva popular. 2da. Edición. Abya- Yala. Quito. Ecuador. 1998.
[6] Izquierdo Adolfo. Heurística crítica, complejidad y nueva racionalidad. Referentes de planificación alternativa como método transdisciplinario. Notas de clase. CIDER, Universidad de Los Andes. Bogotá Abril de 1999. págs 3 y ss.

[7] Ibíd.